lunes, 16 de febrero de 2015

Conspiración 3

Capítulo III

Apenas podía verlo en medio de aquella oscuridad, sintió sus dientes sobre su cuello haciendo presión—¡Déjame!—aulló desesperado y escuchó la risa sardónica de Ehre y su cálida respiración rozándole el cuello—qué te pasa pequeño, despertaste el león, así que ahora te aguantas las garras.

Naivität sintió sus ojos arder y apretó la boca para contener el llanto, para su suerte llamaron a la puerta.

—¡Ehre, Maler llegó!—gritó Hund.

Ehre sentía claramente a Naivität temblar y eso lo hacía sentir poderoso y excitado, el pelirrojo era tan menudo que él lo cubría por completo, una terrible lascivia lo había invadido y masculló una sarta de maldiciones hacia la bendita capacidad de su primo para ser inoportuno. Soltando un sonoro suspiro soltó al menor aún sin alejarse, Naivität se mordió el labio tratando inútilmente de dejar de temblar.

—Hoy te salvaste pequeño—le susurró al oído para después marcharse.

Naivität se quedó de pie, en el mismo lugar, por unos segundos, todo su cuerpo temblaba de miedo, cayó de rodillas y gimoteó, pero haciendo acopio de todas sus fuerzas suprimió las lágrimas que pujaban por salir. Él era el emperador de  Brillenglas, no lloraría.

Ehre llegó  al salón y miró a Maler con impaciencia—qué averiguaste.

Maler sonrió—sí, estoy bien, algo cansado, gracias por preocuparte—contestó con ironía.

Ehre bufó molesto, no estaba de ánimos para sus tonterías.

Afuera el rubio salía de la habitación sin haber tocado a Ode, pese a lo que creía su amor no pudo soportar la humillación y menguó, aún no entendía bien que le pasaba, pero de lo que sí estaba seguro era de no quererla cerca. Sus ojos vacíos miraban sus propios pies mientras caminaba sin rumbo, de pronto vio frente a él  pies ajenos, alzó la vista y se topó con la fría mirada de Hund, quien sin decir palabra lo abofeteó para luego marcharse y dejarlo solo. Los ojos azules se cristalizaron y algunas lágrimas corrieron libres, se sentía miserable.

Ziel, quien iba hacia ellos paró en seco la ver la escena, ya podía imaginar lo que ocurría: Hund estaba celoso porque Wass había ido a follar con Gelb “pero que complicado es ese chico” pensó, pues recordaba los innumerables momentos en los que Hund había rechazado a Wass. No entendía porque lo hacía si lo quería. Suspiró aliviado de no estar enamorado de nadie y restándole importancia al asunto se acercó al rubio para encomendarle la tarea de alimentar al cautivo.

—Gelb—llamó con tono neutro.

—¿Um?—murmuró el rubio con un hilo de voz, sin mirarlo.

-Llévale esto al mocoso—dijo refiriéndose al emperador.

Gelb tomó la comida y el jugo y asintió.

Ziel suspiró, le parecía que todo ese embrollo innecesario provocado por Ode y sus perversiones era totalmente absurdo. Despidiéndose con la mano fue con Ehre y Maler porque él también quería saber de qué iba el asunto con el pequeño emperador.

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El sol resplandecía en lo alto del cielo contrastando con la oscuridad del sótano, el rubio bajó las escaleras sin ningún cuidado.

Naivität, abajo lo miraba con recelo, al contraluz notó que no era el líder bastardo pues este hombre era algo más bajo. Aún estaba de rodillas así que se apresuró  a  levantarse, no quería dar una imagen sumisa o débil, al acercarse el rubio Naivität pudo detallarlo, se sorprendió de lo demacrado que se veía, tenía una expresión de tristeza y angustia enorme.

—Niño—lo llamó Gelb con voz apagada sin ánimos de buscarlo siquiera con la mirada.

Naivität pensó que podría aprovechar la situación, tanteó la pared y encontró el interruptor, cuando pudo encender la luz parpadeó un par de veces para acostumbrarse.

—Ah, ahí  estás, ten—le dijo con desgano, ofreciéndole un plato con carne y arroz y un jugo de naranja—come.

Naivität tomó lo que le ofrecía y vio como el rubio se sentaba en una pequeña silla de madera, seguramente esperaría a que terminara de comer. Caminó despacio y se sentó en el suelo recargando su espalda en la pared y despacio comenzó a comer, veía al rubio perdido en sus pensamientos, hacía gestos de tristeza, otros de dolor.

—¿Quieres?—le preguntó Naivität con fingida inocencia, le había parecido genial que le hubiese tocado ese chico rubio como vigilante. Se veía a leguas que era un ingenuo, además  que era obvio que estaba  afectado por algo.

—….¿eh?...—Gelb lo miró desencajado.

Naivität le hizo un ademán señalando un trozo de carne que tenía pinchado en el tenedor.

Gelb sonrió—No gracias, pequeño, come tranquilo.

Naivität sonrió para sus adentros, su apariencia engañosa de un chico de catorce años le ayudaba a ganarse fácilmente la confianza de la gente—¿por qué estás triste?—preguntó  usando de nuevo un tono cargado de inocencia.

Gelb, de corazón noble sonrió, él pertenecía a aquella banda sólo porque era fiel a su raza, pero no le agradaba lastimar o subyugar a otros, miró al pequeño pelirrojo que lo miraba con sus grandes ojos color verde esmeralda y sintió ternura, recordó como lo habían traído hasta allí, cargado como si fuese un costal y se sintió arrepentido.

—Ven acá—lo llamó extendiendo sus brazos hacia él. En su estado emocional necesitaba mucho de un abrazo y ese chico le inspiraba mucha ternura, era algo así como un lindo osito de felpa.
Naivität tembló inseguro por lo que iba a hacer, era su oportunidad, en una mano llevaba el tenedor que llevó a su boca en un gesto infantil distrayendo al rubio, en su otra mano llevaba el cuchillo.




Continuara…

9 comentarios:

  1. Me has dejado con mucha curiosidad, actualiza pronto pls

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  2. Oh, pinta para algo lindo...conti porfis, muero de ansiedad

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  3. Wow, qué irá a hacer O.O...espero ansiosa la actualización =)

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  4. no hubo el tan ansiado lemon pero no pierdo las esperanzas :,) estuvo muy bueno, estaré al pendiente de la actualización

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