lunes, 2 de febrero de 2015

Un ángel llora. La secuela


Hola, ya que me he recibido algunos mensajes pidiéndome qué pasó después con  Gererd y Tiago, pues aquí se los dejo. Gracias por sus ánimos y disfrutendolo ;D


Capítulo I

Estaba nervioso, era su primer día de trabajo y había empezado de una manera vertiginosa: presentaciones, cotilleo, preguntas, pruebas de vestuario. Jhosep pedía a gritos una base mientras él veía su reflejo en el espejo y su vista se posó en el hombre de traje y lentes negros parado tras él y no pudo evitar sonreír al recordar.


Habían dormido abrazados muy juntos aquella noche en la que lo habían rescatado, su corazón latía acompasado sintiéndose seguro en los fuertes brazos de Gerard quien le acariciaba la espalda relajándolo hasta sumirlo en un sueño profundo. Cuando despertó se extrañó al no ver al pelinegro pero escuchó la regadera y sonrió, se estaba bañando. Iba a la cocina, como de costumbre despeinado y descalzo, ni bien había llegado a la sala cuando se topó con un hombre corpulento de traje oscuro que clavó sus ojos en él, asustado retrocedió torpemente y se largó a correr a la habitación de donde ya salía Gerard con apenas los pantalones puestos y chorreando agua, este detuvo al menor atrapándolo por  la cintura.

—¡Gerard!-exclamó nervioso—hay un tipo…

—Lo sé— interrumpió este sonriendo-es tu guardaespaldas.

—Yo…¿ah?-el rubio levantó la vista para encarar  a Gerard—…¿mi guardaespaldas?

—Siento haberle asustado—exclamó el hombre cerca de ellos.

Tiago se ruborizó violentamente-no…discúlpeme usted a mí.

Gerard soltó una risita divertida y el rubio lo fulminó con la mirada y los mofletes inflados.

De vuelta al presente escuchó:

—Bien, estamos listos—exclamó Joseph más que satisfecho.

—A trabajar—respondió Tiago poniéndose de pie, con sus hermosos ojos azules brillando de emoción y una sonrisa alegre dibujada en sus labios rosados, vestía una ligera túnica blanca que apenas se sostenía con un broche sobre su hombro derecho y unas alas blancas estaban sujetas a su espalda.

Así, salió el primer trabajo de Tiago, una campaña publicitaria de perfumes masculinos bajo el eslogan “Hasta los ángeles estarán extasiados”. El furor que causó la imagen de Tiago con su cara de inocente y su aspecto condenadamente sexy hizo que le llovieran contratos pero no puso muy contento a Gerard quien casi se desangra por la nariz cuando vio publicada la foto de su angelito rubio tan provocativo.

—Definitivamente tengo que hacer algo—comentó para sí mismo.

Mientras conducía rumbo a la agencia de modelos se removió algo incómodo por culpa de aquella imagen ahora tenía una dolorosa erección gritando por atención “ni que fuese un adolescente” se reprendió mentalmente y sonrió con melancolía, había pasado una semana desde el rescate pero Tiago aún temblaba por las noches y las dos veces que había intentado  hacerle el amor sólo conseguía hacerlo llorar. Le remordía la conciencia pues el pobre rubio terminaba disculpándose, pero en realidad él no tenía la culpa de nada, él era el mayor, se suponía que debía saber controlar sus instintos, comprender a su niño y ser paciente…pero se veía tan tentador que a veces no podía evitar avanzar. Chasqueó la lengua molesto consigo mismo, había decidido enamorarlo de nuevo, como cuando quería que fuese su novio, pero antes debía hablar con Joseph y aclarar ciertos puntos que le preocupaban como por ejemplo establecer en el contrato de Tiago una clausula en la que quedara claro que su pequeño portugués no trabajaría con ningún otro modelo, es que no quería que bajo la excusa del trabajo algún tipejo tuviese la oportunidad de manosearlo.

Cuando entró al set casi le da un paro cardíaco, Tiago estaba completamente vestido de cuero, el traje consistía en un short, botas altas y una serie de tira que le surcaban el pecho, tenía  además un collar de púas y unos cuernitos se dejaban ver en la cabellera rubia, tenía la boca abierta sensualmente haciendo amago de morder una manzana roja.

—¿Te gusta?—le preguntó Joseph llegando a su lado—es la otra faceta del perfume “hace caer hasta a los demonios”, es genial…¿Gerard?

Inconscientemente Gerard se relamió y sintió de nuevo su miembro pulsar.

—Es todo, buen trabajo—dijo el fotógrafo sonriéndole al menor.

—Gracias —contestó este ruborizado y cuando tomó la botella de agua que le ofrecía una asistente notó la presencia de Gerard y la sangre se le subió al rostro y sin pensarlo corrió a su camerino.

Joseph rio—que tontito, ve por él.

Gerard asintió como un tonto y fue tras Tiago, abrió la puerta sigilosamente y lo vio sentado tapándose la cara con las manos repitiendo como un mantra “que vergüenza, que vergüenza”

—Tiago—susurró el mayor cerca de él.

Sobresaltado, el menor se puso de pie—¡Gerard! ¡No mires!—dijo y obviando una posible burla respecto a su tamaño se subió a la silla y le tapó los ojos a Gerard con las manos.

Este sólo sonrió y puso sus manos en la cintura del menor —estás hermoso.

—¡Gerard!—reprochó el rubio sintiendo su rostro arder.

Gerard se acercó a él lentamente—con un diablo así con gusto me voy al infierno.

El espacio que había entre ellos desapareció, Gerard alcanzó los labios del menor saboreándolos como el mejor néctar, Tiago se perdió en ese beso y sus manos abandonaron los ojos del mayor para rodearle el cuello y profundizar el beso, un beso que fue largo y caliente, pero fueron interrumpidos…

—Tiago, ahora tie…—la chica los miró sorprendida y después explotó en felicidad—¡Que lindos!—exclamó sangrando por la nariz.

—No puede ser—farfulló Gerard frustrado, sabía que esa loca había arruinado el momento y ahora Tiago lo dejaría con ganas.

—es tu culpa—reprochó el menor avergonzado y zafándose del agarre del otro intentó bajarse de la silla pero trastabilló.

—Tranquilo—le dijo Gerard tomándolo de la cintura y bajándolo él-voy a hablar con Joseph—le dijo pasándose una mano por el pelo y respirando hondo para calmarse un poco.

—sí sí—contestó el rubio asintiendo con vehemencia sin concentrarse en lo que le decía.

Gerard sonrió divertido, se veía adorable, era como para comérselo-Hey-lo llamó y cuando el rubio lo miró le estampó un beso provocándole un sobresalto.

—¡Gerard!-gritó el menor mientras lo veía salir apresurado, entonces notó que la mujer estaba aún allí parada embobada, con la boca abierta  y los ojos nublados de emoción-¿Estás bien?-preguntó pero no obtuvo respuesta , encogiéndose en hombros  comenzó a cambiarse con la preocupación de no saber si Gerard se quedaría el resto de la tarde para verlo trabajar y de ser así, diría adiós a su concentración.

Capítulo II

Tiago terminó de ponerse el atuendo, su look era de soldado romano, tenía esas sandalias de cintas amarradas hasta las rodillas, el peto negro con joyas doradas y una capa roja que le caía intencionalmente hasta el suelo. Abrió la puerta de su camerino y salió sigilosamente mirando hacia el final del pasillo.

—Ya se fue—comentó su guardaespaldas.

Tiago dio un respingo de sorpresa—…¿eh?

—el señor Gerard ya se fue—aclaró suprimiendo una sonrisa divertida.

—Oh—se sonrojó-…gracias.


Tiago suspiró y se dispuso a ir al set pero fue interceptado por un muchacho de unos 19 ó 20 años que también iba de soldado romano pero sin capa.

—así que tú eres el tal Tiago—dijo mirándolo de arriba abajo con cierto desdén.

Tiago enarcó las cejas, se cruzó de brazos y contestó de manera altanera—sí, soy yo, ¿tienes algún problema con eso?

El joven torció la boca, sentía arder de celos, esperaba no hallar nada de especial en ese chico pero lo cierto es que el rubio poseía una belleza extraordinaria, aunque eso jamás lo admitiría abiertamente-no, no tengo problemas, sólo espero que alguien tan insignificante no arruine la campaña.

—Bueno, si no estorbas no habrá problemas—devolvió con una sonrisa ladina.

Antes que el otro pudiera replicar Raquel, la asistente de Tiago, los interrumpió: Richard, Tiago, dense prisa.

Los aludidos se miraron con furia por unos segundos y luego obedecieron.

-¡Que adorable!-dijo entusiasmada Raquel apretando la carpeta contra su pecho cuando Tiago pasó junto a ella.

Este se sonrojó y rodó los ojos, ¡qué acaso esa mujer nunca se cansaba!

Una vez en el set Joseph habló: presten atención chicos.

Ambos jóvenes vieron a Joseph sentado en la silla de director, estaba un poco despeinado y la ropa  un tanto arrugada, ese era el resultado de la pequeña discusión que había mantenido con Gerard, este le había exigido que Tiago trabajara siempre solo, sin ningún otro modelo, pero él ya tenía un contrato firmado y miles de ideas en su cabeza, así que se negó rotundamente y Gerard se había marchado hecho una furia.

Joseph se quedó un momento pensativo y luego preguntó: ¿ya los han presentado?

—Sí—contestó Richard sin mirar a Tiago.

Este se encogió en hombros restándole importancia.

Joseph suspiró:—Bien, es mejor que se lleven bien pues harán muchos trabajos juntos, pero el que nos interesa en este momento es la campaña de las joyas “Extravaganza” y el concepto es el siguiente: Tiago, tú te vas a  sentar en el suelo y vas a sostener a Richard entre tus brazos, se trata de simular que Richard está herido de muerte y tú compartes su agonía por ser su general.

—Okey—dijo Richard y fue rápido al escenario.

Tiago tardó un poco en reaccionar y fue tras él.

—Bien, siéntate—le dijo de mala gana Richard.

—Cállate, tú no me das órdenes—le contestó Tiago aunque si se sentó.

Richard observó la contextura de Tiago y sonrió con malicia, se agachó para echar su cuerpo sobre Tiago, pero en vez de hacerlo suavemente lo hizo con brusquedad  tomándolo por sorpresa, el rubio no pudo sostenerlo y trastabilló.

—¡Pero que torpe!—se quejó Richard de manera escandalosa avergonzando a Tiago.

—demonios—masculló malhumorado el rubio y Richard disimuló su sonrisa de triunfo.

—Yo los ayudo—intervino Raquel quien se había percatado de la treta de Richard.

—Sí, porque este mocoso es un inepto—dijo Richard.

—Cállate—dijo Raquel en un tono serio—compórtate como un profesional

Tiago frunció el ceño “malnacido” pensó molesto.

Una vez acomodados, Joseph les dio las últimas indicaciones: Tiago, míralo como si lo quisieses mucho y él estuviese malherido, Richard deja tu brazo caer inerte, eso, así-Joseph sonrió, esa era la imagen perfecta, quería darle un toque romántico a la escena, algo tan sutil y bello que alimentara las fantasías de los consumidores, la cara de ángel inocente de Tiago y lo fuerte que lucía Richard  con su metro ochenta y sus brazos musculosos, darían la sensación de un drama shakespeariano, con una señal suya comenzaron a caer los pétalos de rosas y comenzó la sesión.

A pesar de la tensión entre los jóvenes abajo resultó excelente, al terminar Richard se marchó tropezando intencionalmente a Tiago para lastimarlo.

—¡Fíjate, bastardo!—le gritó Tiago sobándose el hombro y murmuró enfadado—ni que te hubiera hecho algo.

—De hecho sí—comentó Raquel a su lado.

Tiago la miró confundido.

—La campaña del perfume era de él y se la quitaron por ti, tu cara de niño violable cautivó  a los empresarios.

—mi cara…—se sonrojó violentamente—estás loca—dijo volteando el rostro sumamente apenado.

Ella rió encantada—eres lo mejor que le ha pasado a esta agencia.

—Raquel, ven acá—gritó Joseph

-el deber me llama, nos vemos.

Tiago asintió y miró por donde se había ido Richard y volvió a fruncir el ceño-eso no es excusa—murmuró molesto  volviendo a su camerino.

Al salir su guardaespaldas lo llevó a la casa, Gerard aún no llegaba así que se dio un baño y luego se disùso a hacer la cena, en eso estaba cuando siente que unos brazos envuelven su cintura y su primera reacción fue de pánico:

—¡No!—gritó asustado zafándose.

—soy yo—dijo Gerard arrepintiéndose de su acción, sabía perfectamente que desde el secuestro a Tiago no le gustaba ser sorprendido.

Tiago suspiró tratando de regular su respiración—…no…no pasa nada—contestó sonriéndole y se acercó para besarlo, odiaba preocuparlo.

Gerard puso suavemente sus manos en la cintura del menor y lo besó con ternura y delicadeza, sus lenguas luchaban y sus labios se rozaban con pasión, sus cuerpos se necesitaban y sus corazones estaban unidos en un deseo de amor.

Capítulo III

El beso fue prolongándose y las manos viajaron por los cuerpos reconociéndose de nuevo y disfrutando del contacto, pero un chisporroteo los interrumpió y el humo comenzó a inundar la cocina.

—¡el sartén!—exclamó Tiago al romper el beso yendo  a apagar la hornilla que había encendido momentos antes de que Gerard llegara.

—Espera—le dijo el mayor siendo él quien alejara el sartén del fuego y lo pusiera en el lavaplatos.

—Cielos, que desastre—comentó apenado el más bajo.

—¿Tienes mucha hambre?—le preguntó el mayor.

Negó con la cabeza—en realidad iba a cocinar para ti.

Gerard sonrió—entonces déjalo, yo tampoco tengo hambre—dijo tomándolo de la mano-ven.
Tiago sintió un cosquilleo al contacto y se dejó llevar hasta la sala que se encontraba en penumbras pues ya había llegado la noche y no había encendido las luces. Se sentó en el suelo, sobre la suave alfombra persa a petición del mayor, y lo observó encender el fuego de la chimenea dejando la estancia iluminada tenuemente.

—Espera un momento.

Tiago observó a Gerard irse por el pasillo y suspiró son una sonrisa, cuando estaba con él sentía una enorme paz,  sentía unas enormes ganas de abrazarse a él y permanecer así para siempre. Su mirada se posó en el fuego que resplandecía poderoso y lo abrigaba cálidamente en esa noche fría, sonrió de nueva cuenta, nunca en toda su vida había experimentado tal sensación de amor, de sentirse parte de algo como ahora, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Gerard:

—Tiago—llamó suavemente atrayendo la mirada del menor-hace días mandé a hacer algo para ti.
El rubio miró intrigado la caja de forro negro con toques dorados que Gerard traía y cuando este se arrodilló frente a él y le puso la caja enfrente lo miró dudoso.

—Es para ti, ábrelo—dijo mirándolo intensamente.

Tiago asintió sonrojándose y Gerard sonrió, le encantaba como a pesar de llevar cierto tiempo juntos el menor seguía teniendo esa actitud inocente que lo hacia ver adorablemente sexy. Curioso el rubio abrió la caja y sus ojos se ensancharon con asombro, el regalo era la representación en miniatura de su pueblo natal, con todos los detalles, incluso estaba aquel campo de flores silvestre donde solía esconderse de todos y soñar con una realidad diferente, sólo una vez le había hablado de eso a Gerard y el no sólo lo recordaba, sino que se había tomado la molestia de recrearlo a detalle.

—¿te gusta?—preguntó inclinando la cabeza para mirarle la cara, ya que el chico se había quedado absorto.

—…Es…muy lindo—comentó conmovido e impresionado, cada figura estaba hecha con mucho cuidado y detalle, entonces notó que en el campo de flores silvestre había una que resaltaba entre las otras pues era mucho más grande y sus pétalos eran más delicados, percibió que en el centro de ellos había escrito algo, se inclinó un poco para verla mejor y pudo leerlo “cásate conmigo”, asombrado miró a Gerard, sus flequillos rubios se movieron ligeramente ante la brusquedad del movimiento, los ojos negros se clavaban en los suyos intensamente, con un brillo especial, Tiago se ruborizó con violencia.

—Qué dices, ¿aceptas?—preguntó acariciándole la mejilla con una sonrisa de medio lado que lo hacía ver muy sexy.

—Yo…—los labios de Tiago temblaban y las palabras se le atoraban en la garganta, se acercó al mayor y le tomó el rostro con ambas manos-…sí-susurró bajito, de una manera que a Gerard se le antojó sensual.

Se besaron, era un beso de amor, gentil y suave, ambos se tomaron su tiempo en sutiles caricias y susurros cargados de un cariño especial, Gerad trató de apartar el regalo para tener mayor comodidad, pero trastabilló y casi caen de bruces los dos.

—¡Ey, cuidado grandulón!—exclamó Tiago sosteniéndose de los brazos de Gerard.

—Perdóname mi enanito—dijo Gerard logrando apartar así el regalo.

—¡Enano tu madre!—le dijo enojado golpeándole el pecho.

—Pero si tu empezaste—exclamó sobándose con fingido dolor.

Tiago rió divertido, en verdad se sentía pleno, Gerard se sintió cautivado, cuanto había extrañado esa risa, alzó la mano y le acarició la mejilla, por unos segundos azul y negro se miraron fijamente, con la pasión refulgeciendo en sus pupilas,entonces Gerard se acercó lentamente y lo besó, ahora era un beso caliente y demandante, ambas leguas se buscaban con desesperación, Tiago pasó sus brazos alrededor del cuello del mayor para tener más contacto y este lo rodeó con sus brazos apretándolo más, poco a poco fue inclinándose, echando su peso sobre el menor para dejarlo acostado sobre la alfombra, Gerard abandonó los labios y le mordisqueó la barbilla, luego le besó el cuello, donde también succionó y lamió alternadamente, Tiago gemía extasiado, sintiendo la lengua caliente de su amante y su respiración cálida en su cuello, el mayor comenzó a desabotonarle la camisa de la pijama y con suma lentitud se la quitó, deleitándose con lo que veía, se relamió los labios, sentía su sangre recorrer su cuerpo a mil por hora, la piel expuesta de su amante era deliciosa, se quitó el mismo su camisa y se inclinó para alcanzar lo que estaba deseando desde hace rato, las rosadas tetillas, envolvió una con su boca y chupó con desesperación sintiendo como el menor se retorcía de placer y gemía sin control mientras lo agarraba fuertemente del cabello, la lengua experta de Gerard viajó por el frágil cuerpo hasta detenerse un rato en el ombligo donde metió su lengua sensualmente, hábilmente desnudó por completó al menor  e hizo lo propio con su ropa,  miró al chico a los ojos, estos estaban nublados del placer, las mejillas estaban completamente rojas, su rostro sudoroso y la respiración agitada mientras la boca entreabierta dejaba escapar  pequeños gemidos desesperados. Sintiendo una libido extrema Gerard tomó el miembro erguido de su amante y lo engulló, Tiago soltó un grito y se retorció, el pelinegro comenzó a succionar y lamer  la extensión del pene provocando el éxtasis en su compañero, chupó varias veces sintiéndose arder cada vez que escuchaba los jadeos de su amante, le acarició los testículos mientras seguía chupando cada vez más rápido hasta que sintió que el cuerpo bajo él se convulsionaba y se corría en su mano.

El pelinegro lo besó con suavidad, el pecho de Tiago subía y bajaba descompasadamente, Gerard le besó el cuello y luego el hombro, le abrió las piernas situándose en medio de ellas ya desesperado por hacerlo suyo, le brindó una sonrisa sensual y llena de amor, pero a la mente del pequeño, sin este quererlo, llegó la imagen de Mark situándose allí e inconscientemente trató de cerrar las piernas y cerró los ojos con fuerza.

Gerard se sobresaltó y miró con preocupación al menor quien parecía murmurar un entrecortado “no” y el mundo se le vino abajo.

Capítulo IV


Respirando hondo para tratar de controlar su libido, Gerard se apartó para acostarse a su lado y besarle la frente.

—Tranquilo, no pasa nada—le susurró atrayéndolo sobre su pecho.

Tiago se dejó abrazar sintiéndose miserable, Gerard no se merecía eso, otra vez volvía a hacerlo, tomaba esa actitud cobarde, se dejaba atrapar por el  miedo y las sombras de una amenaza que ya no existía, él mismo deseaba a Gerard con desespero y aun así la imagen de Mark aparecía para torturarlo. Sintió las caricias de Gerard sobre su espalda y su corazón se estrujó, cerró los ojos con fuerza, había soportado maltratos y desprecios toda su vida pero siempre había luchado, por qué entonces no iba a hacerlo ahora que tenía un motivo tan fuerte, un amor sincero y único, cuando abrió los ojos había determinación en ellos, con un  movimiento ágil se sentó sobre las caderas de Gerard “que Mark se vaya al infierno” pensó y sonrió:

—Yo estoy listo, te amo como a nadie en el mundo—dijo sonrojado viendo a Gerard a los ojos.

El pelinegro lo miró con asombro—Tiago, no tienes que…

—Yo te deseo—susurró el menor sintiendo sus mejillas arder por lo que iba a  hacer, con suavidad tomó la mano de Gerard y la llevó a su boca donde comenzó a lamer y chupar los dedos con movimientos lentos y sensuales.

Gerard sintió una nueva oleada de excitación recorrerle el cuerpo, se sentó dejando a Tiago a horcadas sobre él, verlo así disparaba su libido, le acarició la espalda con su mano libre, mientras sus ojos seguían hipnóticamente los movimientos de aquella pequeña boca. Tiago soltó la mano de Gerard y pasó sus brazos por el cuello del mayor esperando lo que vendría, Gerard buscó sus labios y  lo besó fogosamente, su mano bajó e introdujo un dedo en la pequeña entrada sintiendo como el portugués se tensaba, profundizó el beso al tiempo que su dedo se movía ensanchando la caliente cavidad, pasó a lamerle la oreja y morderle el lóbulo-eres tan lindo-le susrró al tiempo que introducía un segundo dedo, Tiago soltó un gemidito que hizo arder a Gerard de deseo, bañó de besos aquel rostro infantil mientras sus dedos danzaban en el interior del menor, finalmente inrodujo el tercero escuchando un quejido sueave del rubio quien se aferró más a él respirando con dificultad. Al poco rato Gerard sacó sus dedos.

—Te amo—susurró a su oído.

Tiago se estremeció al sentir el aliento cálido en su oreja—yo…también…te amo—respondió entre excitantes jadeos.

El pelinegro lo sostuvo de las caderas y lo ayudó a sentarse sobre su  pene erecto, el rubio se mordía el labio inferior y cerraba sus ojos con fuerza pues aunque el mayor lo trataba con delicadeza seguía doliéndole. Cuando tuvo todo el miembro adentro arqueó un poco la espalda gimiendo quedo, el mayor sentía su sangre arder de pasión y como su autocontrol iba desapareciendo. Su miembro palpitaba en el interior húmedo de su niño quien le ofrecía una visión extremadamente sexy, se besaron y acariciaron por unos segundos, luego Tiago se movió y Gerard supo que podía comenzar, introducía y casi sacaba su miembro lentamente, disfrutando del contacto y deleintándose con los gemidos de su amante, lo abrazó fuerte ayudándolo a subir y bajar, pasando sus manos descontroladamente por las manos del chico, llegando a sus nalgas y apretujándolas con fuerza, sintiendo el roce de las pequeñas manos de su amante recorriéndole la espalda y los brazos y sus labios encontrándose con los suyos uniéndose con amor. Gerard ya no razonaba
con claridad, quería más acceso, lo recostó  en el suelo  sin salir de él y comenzó a dar estocadas más profundas y certeras, Tiago gemía con fuerza enloqueciendo de placer cada vez que Gerard llegaba más profundo y tocaba aquella parte sensible que le nublaba la razón, al rato se convulsionó y sintió el orgasmo, arqueó la espalda gritando el nombre de su amante quien aprovechó para envolver su cintura entre sus enérgicos brazos y empujar más fuerte unas cimco veces más  y así correrse dentro del menor.

Respirando agitados Gerard salió del pequeño y se recostó a su lado.

—Eres maravilloso—exclamó Gerard más para si mismo.

Tiago lo abrazó recostándolo sobre su pecho aun respirando con difícultad pero con una sonrisa de satisfacción en su rostro.

Gerard pasó su pulgar por los labios enrojecidos del chico y sonrió enternecido, suspiró burlándose de si mismo, no podía dejar de admirar ese frágil cuerpo que ahora era suyo. Sintió la respiración acompasada del menor y como se relajaba sobre su pecho y supo que el chico se había dormido, cerró los ojos y pasó con suavidad su mano por la nívea espalda, palpando la adictiva piel tan tersa y suave como la de un ángel, el ser más bello del mundo y era suyo. Con ese pensamiento se durmió afianzando su agarre sobre su amante.

En otro lado de la ciudad Richard celebraba solo su reciente descubrimiento: Tiago tenía un novio celoso y posesivo. Sonrió pensando que la mejor manera de quitar del medio a Tiago era a través del troglodita ese, ya no trataría de sabotearlo y ponerlo nervioso, no, ahora su estrategia seria infundirle unos celos horrible a su novio, para que fuese este mismo quien lo sacara de la agencia. Satisfecho sonrió ampliamente.

Dos días habían pasado y Tiago terminaba de vestirse para ir a la agencia mientras Gerard hablaba por teléfono con un colega sobre un caso cuando de pronto Litz irrumpió con una sonrisa enorme en su rostro.

—¿Dónde está?—preguntó como saludo.

Gerard molestó, terminó la llamada-qué coño te pasa, podrías tocar ¿no?—reclamó enojado.
-Dónde está mi cuñadito-preguntó de nuevo Litz ignorando completamente las palabras de su hermano.

—Para qué lo quieres—preguntó toscamente caminando hacia la cocina.

—Primero para felicitarlo, se ve encantador—exclamó siguiendo a su hermano—y después pedirle que me presente al bombón con el que sale en este anuncio.

Gerad se detuvo en seco y lo miró de soslayo, notó  que Litz sostenía un revista en sus manos y parecía babear sobre ella, bruscamente se la arrebató y miró la foto, allí estaba su pequeño amante vestido de romano, en una posición sugerente y con una mirada que le disgustó bastante porque estaba dirigida a otro hombre.

—¡Tiago!—llamó enojado sobresaltando a su hermano y es que la voz de Gerard era aterradora cuando se enfurecía.

El rubio salió a su encuentro algo asustado ¿habría pasado algo malo? Con la suerte que tenía para atraer desgracias no le extrañaría.

—Qué pasa—preguntó contrariado viendo a su cuñado sonreír de extraña manera.

—Me puedes explicar qué es esto—le preguntó poniéndole la revista en frente.

Los ojos azules mostraron confusión—es…la foto de la campaña—contestó sin entender de qué iba el rollo.

—Carajo Tiago, eso ya lo sé—contestó Gerard frustrado-lo que te pregunto es por qué se hizo de esta forma.

—Porque Joseph…

—¡Ese maldito!—exclamó Gerard arrojando la revista al mueble-yo se lo advertí—rugió amenazante.

—Pero…—Tiago estaba realmente confundido.

—Vamos, Gerard no es para tanto—intervino Litz.

—Cállate—cortó Gerard apretando los dientes-espérame aquí, yo te voy a llevar hoy—le ordenó yendo para la habitación a buscar su celular y las llaves de su auto.

Tiago estaba preocupado, no lograba captar el por qué de tal enojo,  pero no tuvo tiempo de sumirse en cavilaciones porque Litz lo tomó de la mano.

—Vamonos—le dijo bajito tirando de él.

—Pero…—tartamudeó el rubio ensanchando sus ojos.

—Rápido, antes que vuelva—exclamó y sin dejarlo razonar  lo llevó hasta el auto-nos vamos,yo conduzco-le dijo al guardaespaldas que esperaba afuera.

Tiago iba atrás, el guardespaldas de copiloto y Litz conducía.

—Se va a enojar—dijo Tiago nervioso.


—Ya está enojado—exclamó divertido Litz encogiéndose en hombros.

Tiago suspiró, no estaba seguro de qué había sucedido y rogó a la Providencia que lo ayudara porque estaba más enredado que un pollito comiendo espaguetis.

En el departamento Gerard se encontró con la soledad de su casa y exclamó con fuerza-¡te voy a patear el culo Litz!


Capítulo V


Richard llegó a la agencia de muy buen humor, saludó con una sonrisa a todos  con los que se cruzaba y estos lo miraban con asombro pues solía ser bastante engreído y grosero. Richard era ajeno a esas reacciones, estaba fascinado con el plan que había trazado.

Mientras, en otro lugar Tiago se removía inquieto.

—Tranquilo cuñadito—dijo Litz mirándolo por el retrovisor.

—Es que no entiendo—murmuró frunciendo la boca-él ya había aceptado mi trabajo, por qué se enojó de nuevo.

Litz chasqueó la lengua-es que mi hermano es un tonto, lo de la foto es sólo actuación.

—¿Lo de la foto?—preguntó interesado—qué tiene la foto.

Litz y el guardaespaldas se miraron sonrojados ¿acaso el pequeño no se daba cuenta? ¡pero si era una foto tan sensual!

—Qué tiene—insistió el rubio.

—Nada—dijo Litz sonriendo nerviosamente-en realidad quiero ir contigo para que me presentes al bombonazo que sale contigo en esa foto-dijo la verdad y de paso evitó la pregunta.

Los ojos azules refulgecieron de furia y se lanzó a estrangular a su cuñado-¡me haces pelear con Gerard sólo por tu interés personal!

—cof cof…cuñadito…cof cof…—Litz trataba de manejar lo mejor posible.

—Niño, niño tranquilícese—pidió el guardaespaldas-vamos a chocar.

Tiago apretó los dientes, lo soltó y se sentó cruzándose de brazos-eres increíble—exclamó molesto.

El guardaespaldas se relajó acomodándose el traje.

El rubio frunció el ceño- pero ni creas que te voy a presentar a nadie, Richard no es mi amigo y no le hablo más que por trabajo.

—Se llama Richard—dijo Litz poniendo cara de idiota-vamos cuñadito, ni siquiera por mi harás un esfuerzo.

Tiago enarcó las cejas y lo miró a través del retrovisor-no.

—Por fis—dijo Litz gesticulando graciosamente.

Tiago trató de mantener su semblante molesto, pero inevitablemente sucumbió y soltó una risa suave-está bien.

—¡Ese es mi cuñadito!—exclamó feliz.

Pero quien si iba con su enojo a mil era Gerard. Manejaba apretando el volante con fuerza, Josephlo estaba retando, ese era su parecer, él bien podría haberlos puesto de otra manera , pero no…aceleró aún más, y ese idiota de su hermano saboteándole los planes. Un semáforo lo detuvo y bufó molesto ¡Quería llegar rápido!

Mientras Tiago y compañía llegaban a la agencia, Litz parecía niño en feria, tenía una amplía sonrisa y miraba todo con curiosidad. Tomaron el ascensor,  al llegar al piso indicado y salir se toparon con Raquel, que le echó una mirada descarada a Litz y silbó-guapo, de qué agencia es.

—De ninguna ¿está Richard?—preguntó de mala gana Tiago, su mal humor había vuelto.

Raquel pestañeó confundida ¿había oído bien? ¿Tiago preguntando por Richard?

—Sí, Richard—repitió mirándola con impaciencia.

—Sí él…

—Gracias—interrumpió toscamente y caminó seguido de los dos mayores, sí, estaba molesto porque le era vergonzoso tener que hablar con Richard nada más que para presentarle al baboso de su cuñado que le subiría aún más el ego, claro, si eso fuese posible.

—Ahí está—exclamó dichoso Litz.

Tiago suspiró resignado y avanzó—Richard-llamó tratando de sonar tranquilo.

El aludido se giró y lo miró con malicia, pero notó que tras el rubio había un hombre pelinegro bastante alto ¿su guarura? Pensó.

—Este…bueno…—el rubio no encontraba la forma de expresarse sin sonar tonto.

—Soy Litz, el cuñado de Tiago—interrumpió este extendiéndole la mano por encima del hombro del rubio que seguía delante de él.

Sorprendido Richard le estrechó la mano, pensando que talvez el rubio planeaba algún contraataque lo miró, pero el pequeño miraba hacia otro lado y tenía las mejillas sonrosadas ¿estaba apenado? ¿no había mala intención?. Notó que el otro aún no le soltaba la mano y lo miró, enseguida se ruborizó, pues Litz lo miraba intensamente y sonreía de medio lado de una manera muy sexy.

—eres hermoso—le dijo el mayor—me gustaría invitarte a salir.

¡Que directo!pensó Richard, estaba acostumbrado a tener muchos pretendientes, pero jamás se le había acercado alguien con tanta seguridad—este…yo…

Litz lo haló hacia si, rodeándole la cintura con sus fuertes brazos, hubiera sido una acción sexy, si no fuese porque el pequeño rubio quedó atrapado en medio de los dos.

—Qué dices—preguntó seductoramente.

—¡Arg, qué haces! ¡Quítense!—exclamó el rubio removiéndose para tratar de zafarse, se sentía como una mosca entre dos montañas.

Litz apretó un poco más espachurrando al rubio-no crees que seriamos una linda pareja—le dijo divertido—imagínate con niño ya incluido—dijo haciendo un ademán para señalar al rubio que farfullaba molesto entre ellos.

Richard no pudo evitar sonreír, ese tipo era muy gracioso.

—¡Niño tu culo!—rugió el menor.

Gerard que había llegado, no le había hecho gracia encontrar a esos dos haciendo un sandwich con su rubio.

—Qué demonios haces Litz—dijo imponente liberando a su pareja, pero lo hizo tomándolo de las axilas y levantándolo para bajarlo justo detrás de él.

El rubio se sonrojó violentamente, parecía que hasta Gerard se confabulaba para burlarse de su tamaño alzándolo como si fuese un  niño-¡váyanse todos al carajo!-exclamó disgustado dando media vuelta yendo a su camerino sintiendo su rostro arder.

Gerard lo miró sorprendido ¿Y ahora qué hice mal? Pensó y estrechó sus ojos para mirar a Litz quien seguía mirando a Richard-eres estúpido, pero qué mierda tienes en la cabeza.

—Relájate hombre—dijo Litz moviendo su mano y restándole importancia al asunto—mira, te presento a Richard, no es un bombón.

Gerard lo miró de arriba abajo con el ceño fruncido, reconociéndolo de inmediato como el tipo de la foto.

Richard esquivó la mirada bastante intimidado ¡vaya que si era un ogro el novio de Tiago!

—Ey, qué te pasa—dijo Litz poniendo su mano en el hombro del muchacho para reconfortarlo—se un poco más amable con tu futuro cuñado.

Richard ensanchó los ojos sonrojándose y Gerad hizo el amago de replicar, pero un asistente los interrumpió:—Richard, es tarde, a maquillaje—exclamó pasando por un lado sin detenerse, estaba demasiado ocupado.

Richard le dio las gracias al cielo y casi corre detrás del asistente.

—Te veré luego—gritó Litz con  una enorme sonrisa en los labios.

Gerard se pasó una mano por el cabello y suspiró cansado—yo no sé por qué pierdo mi tiempo contigo—exclamó marchándose a la oficina de Joseph

Litz lo ignoró y se relamió, ese chico le gustaba y mucho y él no era hombre de andarse por las ramas, hoy mismo tendría su número y una cita. Satisfecho notó a la mujer que minutos antes los recibiera, estaba de pie con las manos juntas, los ojos brillosos y un hilillo de sangre corriéndole por la nariz, mantenía una expresión de boba en otro mundo digna de un premio.

—Oye.le dijo acercándosele—dónde va a hacer la sesión Richard.

Sobresaltada se limpió rápido la nariz y rió como tonta—es por allá—dijo señalando hacia la derecha—junto con Tiago.

—Gracias—dijo él guiñándole un ojo y se marchó por el camino indicado.

Raquel de pronto pareció aterrizar y gritó con fuerza: ¡¡Tiago!! Ella era su asistente, debía ayudarlo y corrió de prisa a buscar al rubio-¡¡¡¡¡waaaaa!!!!!


Capítulo VI


Era cierto, Gerard era un hombre muy intimidante pero en lo que a su trabajo respecta no había nadie más obstinado que Joseph quien se negó rotundamente a sus exigencias  y alegó que su trabajo era arte y al arte no se le limita.  Gerard bufó molesto e indignado salió hecho una fiera con intenciones de buscar al menor.

Por su parte Tiago se  miraba en el espejo y comenzaba a sentirse muy nervioso, la ropa que llevaba era sólo un camisón que le llegaba a medio muslo y que desde el hombro derecho hasta su abdomen estaba rasgado como si se  lo hubieran querido quitar a la fuerza mostrando su bien trabajado cuerpo, que aunque delicado estaba definido, tragó grueso y se cubrió con una bata para salir al set “al mal paso darle prisa” pensó con resignación.

Richard en cambio miraba su reflejo satisfecho, él traje de él era el típico de drácula con su capa negra, sus colmillos blancos  y un maquillaje perfecto que lo hacia ver muy sexy. Sonrió sintiéndose seguro de su plan, era cierto que se había cohibido un poco ante la presencia de Gerard pero ya se había recuperado del shock inicial y se alegraba de constatar que su plan seria un éxito porque el tipo era demasiado celoso. De pronto recordó a Litz y frunció el entrecejo molesto consigo mismo por haberse comportado como un tonto sumiso, se masajeó las sienes recordando los nervios que había sentido-deplorables-se dijo a si mismo y sacudiendo la cabeza caminó al set haciendo resonar sus botas altas.

Gerard había llegado al set donde habían montado la escenografía que representaba la sala de una casa victoriana, observó que su hermano estaba sentado a sus anchas frente a dicho escenario como quien está en  el cine  esperando el inicio de una interesante película.

Gerard se le acercó, iba a preguntarle por Tiago pero antes que pudiera hacerlo este llegó junto con Richard.

-Estamos listos-dijo Richard con una sonrisa maliciosa al ver el rostro contraído de Gerard.

El rubio esquivaba todas las miradas y apretaba la bata contra si  como si esta lo pudiera proteger de grandes peligros.

Litz se apresuró en detener  por el brazo a Gerard que había hecho el amago de ir por el rubio-qué vas a hacer-le preguntó por lo bajo.

-qué no es obvio-devolvió una pregunta como respuesta.

-En verdad piensas avergonzarlo-susurró Litz con rostro serio.

Gerard lo miró con impaciencia.

-Quieres que te odie-siguió enfrentando su mirada-que te odie por avergonzarlo, por humillarlo en su trabajo, por no confiar en él.

Gerard dirigió la mirada a su rubio, los ojos azules lo miraban con una mezcla de miedo y expectación, suspiró y se soltó bruscamente de su hermano no dijo nada pero se quedó allí de pie y cruzado de brazos.

Lizt sonrió relajado sabia que su hermano había entendido así que se acomodó de nuevo en su asiento contemplando a Richard a quien le estaban retocando el maquillaje. Joseph llegó echándole una mala mirada a Gerard que se la devolvió de igual forma el  fotógrafo lo ignoró y se detuvo frente al escenario.

—Bien chicos el asunto es el siguiente— dijo poniendo sus manos sobre sus caderas Richard que obviamente es un vampiro se va a colocar tras Tiago que obviamente es la victima dijo haciéndole una seña a Raquel para que le quitara la bata al menor. Cuando esto ocurrió muchos ojos se posaron sobre el rubio quien con ese camisón rasgado y esos ojos inocentes era sin saberlo la personificación de la lujuria, algunos se relamieron discretamente soñando con un contacto físico con el menor otros trataron de disimular sumiéndose en sus trabajos pero sin poder quitar la vista de tan deliciosa tentación. Richard miró alma pequeño con envidia y bufó molesto, en tanto Gerard estaba atrapado entre dos sensaciones, excitación y enojo. Litz se quedó con la boca abierta ¡definitivamente su cuñadito era un pecado andante! Y Jhosep simplemente sonrió de oreja a oreja, Tiago siempre estaba perfecto, ahora mismo era precisamente lo que quería, se veía frágil e indefenso, tan condenadamente inocente y sexy a la vez.


-Okey Tiago, ven acá-lo llamó y el menor se acercó algo tímido- párate aquí, tu Richard, colócate a su espalda.

Richard obedeció y le sonrió a Gerard con malicia.

Litz se percató y miró a su hermano-tranquilo, sólo es trabajo-le dijo por lo bajo mientras volvía a mirar a Richard algo decepcionado, había notado que Tiago no le agradaba pero de allí a buscarle un problema eso sí que no se lo esperaba.

Mientras Josep seguía con sus indicaciones-Richard, con tu mano izquierda lo toma de la cintura y con la otra le sujetas la muñeca a nivel del hombro, Tiago tu ladeas el rostro hacia la izquierda, se trata de aparentar que tratas de zafarte del agarre, ten en mente que él es un vampiro y tú estás aterrado. Richard tú baja tu rostro hacia su cuello pero sin tocarlo, como si estuvieras a punto de morderlo ¿entendieron?

-Sí-dijeron al unísono.

La mirada de Gerard se achicó, no le gustaba para nada el rumbo que estaba tomando esa sesión.

-Afianza más tu agarre sobre la cintura, Richard-exclamó Josep concentrado en su labor—por favor que la luz les dé lado, que parezca la luz de la luna.

—Así—dijo Richard con perversidad apretando la pequeña cintura al tiempo que olía los rubios cabellos con sensualidad.

Mientras Josep daba órdenes sin parar, el rubio trataba de no mirar a Gerard, sabía que estaba molesto y le daba miedo enfrentar su mirada, por su parte Richard sonrió complacido y lamió suavemente el cuello del menor sobresaltándolo.

—Qué haces Richard—preguntó irritado Joseph

Gerard había apretado los dientes y avanzado para golpear al “modelucho de quinta” pero sintió que lo sujetaban del brazo, volteó y vio que era su hermano.

—Tranquilízate—le pidió por lo bajo.

—Te doy realismo—contestó con inocencia fingida Richard.

—Ya te dije lo que quiero, haz caso por el amor de Dios—clamó Joseph

Gerard se soltó bruscamente de su hermano y miró al rubio—Tiago, ven aquí—ordenó sin ocultar su enojo.

—No vayas, que te respete— le susurró Richard con tono de buen amigo, sin soltarlo.

Raquel negó con la cabeza y Tiago interpretó esto como si también le aconsejara que no atendiera el llamado de su pareja, pero lo cierto es que ella negaba en desaprobación a lo que hacía Richard.

—Está trabajando—exclamó Josep enojado y es que de tanta discusión con el pelinegro ya estaba en su límite.

—Tú cállate, Tiago ven acá—volvió a llamarlo.

El rubio estaba confundido, se quedó estático mirando al suelo, pensando  qué hacer y esto exasperó más a Gerard.

—Bien, quédate aquí y haz lo que se te de la gana—le dijo furioso.

—Gerard—reprendió Litz negando con la cabeza.

Tiago ensanchó los ojos y cuando lo vio girarse para marcharse sintió una punzada de dolor en su pecho—¡espera!—reaccionó al fin y se revolvió para zafarse pues Richard aún lo tenía sujeto—¡suéltame!

—Cálmate—pidió Josep-estamos trabajando Tiago.

-Ya escuchaste-siseó Richard apretando con brusquedad la cintura del menor sacándole un quejido-no me arruines el trabajo.

Tiago no prestó atención a sus palabras, la única imagen en su mente era Gerard dándole la espalada, sus ojos comenzaron a arder y supo que pronto vendrían las lágrimas.

Jhosep notó esto y suspirando resignado dijo:-esta bien, descansaremos cinco minutos.

Richard frunció el entrecejo y enojado lo soltó.

El rubio salió disparado tras Gerard, fue  hasta el ascensor pero este ya bajaba, así que fue por las escaleras pero lamentablemente llegó tarde, salió sin importarle como iba vestido, pero sólo vio la estela del auto de Gerard alejándose y las lágrimas que tenía cautivas rodaron libres por sus pálidas mejillas.


Capítulo VII


Richard había ido a su camerino satisfecho, ya tenía al noviecito encolerizado, ahora tenía que avivar la llama incitando a Tiago a llevarle la contraria, sonrió prepotente pero se dio cuenta de que alguien lo miraba.

—Qué quieres—preguntó a la defensiva.

Litz se le acercó mirándolo intensamente y cuando estuvo justo frente a él lo tomó bruscamente de la nuca y lo besó con fiereza, Richard ensanchó los ojos y tardó un poco en reaccionar, cuando al fin lo hizo e intentó apartarse ya era muy tarde, Litz había atrapado su cintura y lo pegaba a él con firmeza. Fue un beso apasionado, la lengua de Litz hurgaba en la boca de Richard como si allí estuviera la esencia de la vida, sentía como lo empujaba para liberarse y eso lo hacía sentir más excitado, después de casi un minuto lo soltó encontrándose con la mirada furibunda de Richard, quien de inmediato trató de abofetearlo, pero Litz lo detuvo sujetándole la muñeca.

—Te doy realismo—dijo pícaro repitiendo su misma excusa, besándole la mano que tenía sujeta.

Sonrojado, Richard se zafó bruscamente-si crees que burlándote de mi me intimidas estás muy equivocado.

Litz se sentó en el pequeño sofá rojo soltando un suspiro, descansando el brazo en el respaldo -no me burlaba, te besé porque me gustas, ya te lo dije.

Richard frunció el ceño—vete de mi camerino.

El mayor sólo lo miró de arriba abajo, estudiándolo, poniéndolo nervioso.

—Te dije que te fueras—exclamó molesto tomándolo del brazo para echarlo.

Pero Litz aprovechó para halarlo haciendo que cayera sobre sus piernas y cazando sus labios nuevamente, rodeándolo con sus fuertes brazos, Richard forcejeó, no era débil así que Litz tuvo que usar su fuerza para someterlo y lo logró, después de un rato prolongado de empujones y mordiscos Richard se quedó quieto entre los brazos de su captor y Litz suavemente rompió el beso.

—Me gustas mucho, de verdad, sal conmigo—pidió mirándolo fijamente.

Richard estaba muy sonrojado y tenía los ojos brillosos, se sentía extraño, él era un hombre alto y fuerte, nunca nadie había podido doblegarlo hasta entonces, lo irónico es que aquel hombre en lugar de vanagloriarse parecía rogarle, aunque el no le creía del todo.

—Por favor—susurró Litz aún muy cerca de sus labios.

Richard tardó un poco en responder—si no lo hago no me dejarás tranquilo, ¿verdad?.

Litz sonrió intuyendo un si—jamás.

Richard suspiró—está bien—susurró avergonzado.

Litz amplió su sonrisa y lo soltó con delicadeza, vio a Richard levantarse y lo tomó de la muñeca, ahora con gentileza, sin obligarlo-siéntate un rato—pidió.

Richard nervioso y sonrojado suspiró sentándose a su lado. Después de unos breves segundos de silencio Litz habló:

—¿Está noche a las ocho?—preguntó con una sonrisa muy sexy.

Richard lo miró con seriedad—tú no vas a evitar que saque a Tiago del camino.

Litz arqueó las cejas sorprendido por un tema que no venía al caso—yo no vine aquí por Tiago, vine aquí por ti—respondió Litz con seriedad.

Richard desvió la mirada confundido y avergonzado, sintiendo una extraña calidez en su pecho.
En ese momento un hombre los interrumpió—Richard, Jhosep te llama.

Sin mirar al otro Richard se levantó y salió de su camerino seguido del asistente.

Litz sonrió de medio lado—voy a hacer que sólo pienses en mí, mi dulce bombón—exclamó ilusionado con la cita.

Tiago volvía llorando sin contenerse, era la primera vez que Gerard se enojaba así con él, salió del ascensor y se topó con Richard.

—Tiago, tranquilo—lo abordó abrazándolo con fingida preocupación, no había desistido de su plan-no te aflijas así, ese novio tuyo no  merece que llores por él, es sólo un egoísta que te quiere cortar las alas, no permitas que su egoísmo te destruya-le dijo esperando que le diera guerra a su novio, porque según él, los tipos posesivos no soportan que les lleven la contraria, en dado caso tendría dos opciones favorables: o el novio lo obliga a dejar la agencia o lo abandona y así, sin su apoyo, el enano no sería nadie.

—Egoísta—susurró suavemente Tiago, pero Richard lo escuchó.

—Sí, egoísta, no te dejes dominar.

Tiago se separó de Richard—es verdad, es egoísmo—dijo hipando.

Richard sonrió malevolamente.

—He sido un egoísta.

Richard abrió sus ojos sorprendido—…qué…

—Yo lo amo por encima de todo y voy a arreglar esto.

Josep que iba al set los vio—Tiago, estás bien.

De pronto muchos ojos curiosos se posaron sobre el rubio, entre ellos los de Litz quien había presenciado el abrazo y el intercambio de palabras, intuyendo lo que iba a hacer su cuñado sacó su celular y comenzó a grabar.

Tiago sonrió con dulzura, tenía los ojos y la nariz roja de tanto llorar, se acercó a Josep y le tomó la mano—eres un gran amigo, te aprecio tanto.

Jhosep lo miró con preocupación, no le gustaba el tono de esa conversación.

—Te agradezco mucho la oportunidad que me diste…pero yo no puedo seguir trabajando aquí si eso hace infeliz a Gerard…

—Tiago, tú no tie…—intentó Jhosep persuadirlo pero Tiago lo interrumpió.

—He sido un egoísta, Gerard es un hombre maravilloso, me ha protegido, respetado, cuidado, con él me siento querido como nunca en mi vida, me ha dado tanto y yo no lo quería complacer en algo tan simple—se encogió en hombros—soy un egoísta.

—Pero es tú trabajo, tú…

—No es como si fuese mi sueño—volvió a interrumpir—no es algo con lo que yo había soñado y Gerard me lo arrebatara, es simplemente un empleo, yo quiero trabajar pero me da igual que sea aquí como modelo o en un edificio como conserje…yo sólo quiero que Gerard esté bien, lo único que me importa es él, así que…

Josep suspiró resignado—pequeño mío—exclamó enternecido al tiempo que lo abrazaba—ese idiota no te merece.

—Perdóname—susurró correspondiendo el abrazo.

—No hay nada que perdonar tontito, sólo espero que ese imbécil sepa valorar esto.

Litz terminó de grabar y se lo envió a su hermano junto a la frase “espero que estés satisfecho”



Capítulo VIII


Gerard estaba mascullando maldiciones mientras conducía, se sentía arder de celos, sabía que su rubio no tenía la culpa pero no podía soportar ver cómo, con la excusa del trabajo se dedicaban a manosearlo a placer,  al parar frente a luz roja del semáforo recibió el mensaje, al abrirlo sus ojos pasaron de la ira a la culpa:—soy un jodido imbécil.

La luz ya había cambiado pero él seguía allí, absorto en sus pensamientos, obviando las bocinas e insultos de los demás conductores.

¡Un maldito imbécil!—exclamó molesto consigo mismo y girando en U violentamente regresó a la agencia.

Tiago fue a su camerino a cambiarse y recoger sus pertenencias, Litz y el guardaespaldas lo esperaban en la puerta, Richard se había echado en la silla que antes ocupara Litz, sonriendo sin disimulo, había logrado su cometido, aunque si le había sorprendido  que Tiago abandonara todo tan fácilmente.

Mientras Gerard ya había llegado a la agencia, cuando llegó todos se sobresaltaron, Tiago estaba con su mochila al hombro, despidiéndose de Josep y Raquel quien no dejaba de llorar, se le hacía muy injusto todo, Litz y el guardaespaldas estaban detrás de él. Se hizo un silencio incómodo, se respiraba la expectativa en el aire, Gerard notó el rostro enrojecido de Tiago, rastro del reciente llanto  y frunció el ceño sabiéndose el causante del mismo, con pasos firmes y elegantes caminó hasta estar frente al más pequeño quien alzó la cara para verlo, en su infantil rostro se dibujó una mueca de miedo, temía que Gerard cortara la relación con él definitivamente, a Gerard por su parte se le rompió el corazón ¿tiene miedo de mí?, pensó con angustia, nervioso tomó suavemente la mano del rubio sobresaltándolo y se arrodilló frente a él. Todos los presentes ensancharon sus ojos con asombro, no podían creer que alguien tan imponente y orgulloso se hincara frente a un chiquillo. Los ojos azules miraban brillosos los oscuros de su amante.

—Perdóname—dijo Gerard besándole la mano—he sido un estúpido que no sabe lidiar con lo que siente…perdóname por favor…

Tiago dejó libre una lágrima que enseguida limpió con su mano libre-no-dijo desviando la vista.
Hubo otro silencio. Gerard sintió que se le congelaba  el corazón, se lo merecía, eso pensaba y aun así dolía demasiado, su mano soltó lentamente la del menor, pero entonces sintió como este le tomaba el rostro con sus pequeñas manos.

—No vuelvas a asustarme así, idiota—exclamó con una sonrisa e inmediatamente lo besó.

Gerard ensanchó los ojos y sintió como si un nuevo soplo de vida le inyectara alegría, sostuvo a Tiago por las caderas apretujándolo contra sí y correspondiendo al beso con fogosidad. Al separarse ambos se miraron.

—Te amo—susurró Gerard.

—Yo también.

—Ejem…—interrumpió Litz—recuerden chicos que están en un lugar público.

Tiago se sonrojó hasta las orejas, pero Gerard sólo exclamó un indiferente—y qué.

—Nada, me alegra que se te haya apaciguado lo bestia—contestó Litz riendo escandalosamente palmeando la espalda de su hermano mientras este se levantaba.

Todos rieron ante las graciosas muecas de los enamorados, Gerard molesto y Tiago apenado.

Josep, alegre de que las cosas se arreglaran para el rubio, dio por hecho que lo de la renuncia quedaba en el pasado y sonriendo le dio el resto del día libre, no sin antes amenazar a Gerard que si hacia llorar al rubio de nuevo se las pagaría.

Richard por su parte pasó el resto del día enojado, había estado muy cerca pero todo su plan se había derrumbado en segundos, salió con unos amigos pero no había podido distraerse, al llegar a su casa azotó la puerta y fue directo al baño para meterse en la tina de agua tibia y esencias relajantes, estaba en eso cuando el timbre comenzó a sonar insistentemente, al principio pensó en obviarlo y fingir que no estaba, pero no dejaba de sonar.

—¡Ya voy!—rugió encolerizado colocándose una bata negra sin preocuparse por sacudir el exceso de agua de sus cabellos—¡Ya voy, malnacido!—volvió a gritar tratando de que el ruido impertinente cesara de una vez y al abrir la puerta se sobresaltó, frente a él estaba Litz, vestido casualmente, con una sonrisa divertida que se transformó en una mueca de asombro al ver al modelo con una bata que dejaba su pecho desnudo y las gotas traviesas lo surcaban como pequeñas caricias.

—..Qué…qué haces aquí…—tartamudeó el modelo dando un paso hacia atrás, la ira se le había esfumado.

Litz dio un respingo volviendo a la realidad, amplió su sonrisa y entró sin ser invitado cerrando tras si la puerta.

—No sabía que querías que la cita fuese aquí…a solas—susurró acercándose peligrosamente a Richard.

—…¿cita?...—el modelo tardó unos segundos en recordar y ensanchó los ojos, miró el reloj de pared, eran las ocho.

—Ajá—dijo Litz acariciándole los labios con la punta de los dedos.

—…espera…espera a que me cambie—exclamó nervioso yendo a las escaleras para eludirlo.

Litz sonrió relamiéndose los labios, le encantaba ese chico.

Richard se detuvo a mitad de los escalones—oye…tú como sabes donde vivo—preguntó confundido, él no le había dado su dirección.

—Cuando algo me interesa, no descanso hasta obtenerlo—dijo como respuesta.

Sonrojándose aún más Richard terminó de subir los escalones perdiéndose por el pasillo y Litz amplió su sonrisa de satisfacción.


Capítulo IX


La boda se haría en la playa, dos columnas corintias resguardaban el altar y rosas rojas decoraban la escena, había muchos invitados. Cuando se enteró que los padres de Gerard habían fallecido seis años atrás Tiago sintió pesar, le hubiera gustado conocerlos, aún así conocer al resto de la familia había sido genial. Desde su habitación Tiago los observaba, la familia de Gerard era numerosa y era un gracioso compendio de caracteres, parecían dos bandos, los parecidos a Litz y los parecidos a Gerard, al principio se había sentido cohibido, pero pronto descubrió que la familia de su novio no sólo aceptaba su relación sin problemas, sino que eran muy unidos, eso lo hizo sonreír, siempre soñó con una familia así.

—Por Dios del cielo, ven para acá—le llamó Josep atariado con los últimos toques de su vestimenta, un traje clásico de diseñador color blanco con algunos detalles dorados.

Tiago rió de forma infantil y fue hasta él-tranquilo Josep, el que se casa soy yo.

Josep rió también—sí, pero yo quiero que mi amigo se destaque hoy, aunque eso no es nada difícil-comentó  alegre—te ves hermoso.

Tiago se ruborizó—…gracias…tu también estás muy guapo—le contestó con picardía.

—Como no estarlo, siendo el padrino tengo que estar a la altura—exclamó haciendo una fingida pose de aristocrata y entonces los dos rieron desenfadadamente.

Tiago no tenía una familia bilógica que lo acompañara en tan bello momento, pero si tenía una familia de corazón, Jhosep, Raquel y Richard, Tiago lo saludó tímidamente con la mano y este le respondió con el mismo gesto. Litz parado junto a los novios, ya que también era padrino, sonrió enternecido y su mente voló a unas semanas atrás.

Después de unas semanas de estar saliendo, Richard estuvo muy pensativo, Litz no lo había presionado sobre su actitud hacia Tiago, pero pronto el mismo se dio cuenta que su rabia no era más que celos absurdos porque tenía miedo, miedo de ser desplazado y perder la atención de la gente y los nuevos sentimientos que brotaban en su interior lo hicieron más comprensivo con los sentimientos ajenos, sintiéndose fatal por tratar de destruir la relación del pequeño portugués  se plantó frente a él en su camerino, Tiago instintivamente frunció el ceño pensando que lo venía a molestar.

—Yo…—Richard tragó grueso, no estaba acostumbrado a pedir disculpas.

El rubio lo miró sin entender—tú qué

—Diablos—murmuró sonrojado—quiero pedirte perdón por todas las porquerías que te hice y por como te he tratado…tú no me hiciste nada, no  lo merecías —dijo cabizbajo.

Tiago sonrió sorprendido—no pasa nada.

Richard alzó las vista y asombrado observó la sonrisa franca del más pequeño, había pensado que el chico le reprocharía, que le sería más difícil obtener su perdón—…¿así sin más?...

—…¿eh?... —Tiago movió la cabeza graciosamente a un lado sin entender—…oh, quieres un apretón de manos-dijo extendiendo la suya.

Richard sonrió, en verdad que ese rubio era para comérselo, enternecido le tomó la mano y lo haló hacia si en un abrazo-gracias-susurró quedamente a un desconcertado portugués.

En la puerta, orgulloso de su pareja, Litz sonreía.

Y ahora, frente al altar volvía a hacerlo.

Al término de la solemne ceremonia los nuevos esposo se besaron, hubo un coro de felicitaciones y abrazos,  en esos momentos la pareja sentía que era inmune a todo, que nada los podía alcanzar porque estaban juntos y lo demás ya no importaba.

Esa noche, los recién casados contemplaban las estrellas sentados en la arena a la oriila del mar, el paraje estaba desolado pues se habían apartado bastante para tener privacidad, de pronto Tiago solto una risillas infantil y Gerard lo miró con extrañeza.

—Nunca pensé que se pudiera ser tan feliz—explicó abrazando a su amor—eres mío y de nadie más.

Gerard sintió excitarse con semejante declaración y tomándolo de la barbilla le levanto el rostro, la luz de la luna se reflejaban en esas cuencas azules mostrándolo como un ángel, sus ojos negros se enfocaron en la rosada boca y se acercó hasta besarlo, la humedad de esa boca lo enloquecía, preso de sus emociones se fue inclinando sobre el menor hasta dejarlo recostado en la arena mientras este le acariciaba el cabello al tiempo que gemía en su boca,  las manos ge Gerard viajaron por los costados del menor hasta llegar a los rosados botoncitos que masajeó con dulzura y luego pellizco suavemente, Tiago gimió rompiendo el beso y echando su cabeza hacia atrás, las manos de su amante encendían un fuego dentro de él que lo estremecía, Gerard le mordió pacíficamente el cuello, saboreando a placer, con una lentitud tortuosa.

—…Gerard…—jadeó el pequeño removiéndose, tratando de sacarle la única prenda que traía el mayor, un traje de baño negro.

Gerard sonrió complacido de las ansias de su pequeño amante y lo complació, se desnudó y lo desnudó a él también. Así estuvieron brindándose caricias, con su piel ardiendo, bañados en una fina capa de sudor, besándose y enredando sus lenguas en una conexión especial, el mayor le acarició las redondas nalgas y las apretujó libidinosamente sacándole un gruñido de deseo al rubio.

—…Ya…—suplicó el menor—deseaba, esa noche como nunca, sentirlo dentro—…Gerard…

—…lamelos…—le pidió el mayor como respuesta, el dolor en su entrepierna era ya insoportable.

Tiago humedeció los dedos del mayor y cuando este se los introdujo soltó un gemido fuerte y se mordió los labios, el placer era mucho, Gerard le lamió los labios mientras seguí moviendo los dedos en su interior, cuando fue suficiente los sacó y se posicionó entre las piernas del pequeño, se miraron por un segundo, llenos de deseo y amor y entonces Gerard comenzó a entrar lentamente, sintiendo como apartaba la carne y era recibido por una pulsante y caliente entrada, Tiago se removía, quejándose quedamente, estiró los brazos y se aferró a los hombros del mayor, mordiéndolo.

—…más…—susurró con la voz ronca por el deseo.

Gerard se sintió arder y comenzó a moverse acompasadamente mientras el rubio lo acompañaba en los movimientos, el pene de Gerard entraba y salía causando una fricción deliciosa, ambos jadeaban y gemían descontroladamente, las manos de Gerard fueron a la espalda del menor y así lo atrajo hacia si contemplándose con el menor a horcadas sobre él, profundizando así la penetración. Fue un frenesí, los movimientos fueron cada vez más rápidos y más hondos y con un beso compartieron el estremecimiento de un orgasmo que los dejó plenos. Respirando agitadamente permanecieron unos segundos así, besándose , ahora con más calma. Lentamente, Gerard recostó a Tiago en la arena y salió de él despacio, ante el quejido de este, lo besó suavemente. Se abrazaron sin decir nada, contemplándose el uno al otro, iluminados sólo por la luz de su cómplice, la pálida luna. De pronto el mar entró de más y los mojó sorprendiéndolos  y comenzaron a reír, el miedo y la soledad se quedaban atrás, eran enemigos vencidos…Gerard y Tiago no se separarían jamás.



Fin.







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