martes, 20 de enero de 2015

Un ángel llora 8-9-10




Capítulo VIII


         Al siguiente día Tiago despertó a las 10:30 am, se había trasnochado pensando en su salida con Gerard y en lo atento que este había sido, no más al llegar a la casa le había besado tiernamente y le había prometido una vida feliz. Estaba flipado pero también estaba preocupado, Gerard era médico, no sólo eso, había leído en una revista que era el mejor cirujano de Europa, que era dueño de la clínica más lujosa y prestigiosa del continente, que era tan rico que el solo atendía personalmente un caso si este era muy complicado. Era rico, culto y con estatus, mientras él sólo era un chico portugués sin más riquezas que si mismo. Deprimido salió de la habitación sin cambiarse y algo despeinado, iba por el pasillo cuando sintió que lo abrazaban por la espalda asiéndose de su cintura.

-Buenos días-susurró una voz sensual a su oído.

-Ge...Gerard...-susurró sonrojándose.

-Toma-dijo Gerard sin soltarlo ofreciéndole un libro.

El rubio ensanchó los ojos-"Viagens na minha terra" de Almeida Garrett.

         Gerard sonrió complacido al ver la sonrisa de su niño, sabía que al rubio le gustaba leer, lo había visto muchas veces sumido en los libros de su biblioteca y pensó que le agradaría tener uno en su idioma.

- Gracias-susurró el menor e hizo el amago de girarse.

Gerard se lo permitió para recibir un dulce beso del pequeño, entonces Tiago notó unas maletas.

-¿Y eso?-preguntó extrañado.

-Es que está casa es sólo para descansar-dijo Gerard acomodándole un poco el cabello al rubio-pero en realidad viviremos en Amsterdan, debo atender mis negocios desde allá.

El rubio lo miró preocupado y al mayor le extrañó.

-Gerard...yo...-comenzó a hablar el rubio algo nervioso-tal vez ya lo sepas..

-Qué pasa-dijo el otro mirándolo con atención.

-Yo..no vine solo a Holanda-dijo con inseguridad-vine con mi papá.

Gerard suspiró y asintió-Sí, ya lo sabía-dijo y tomando de la mano al chico lo guió al sofá de la sala donde se sentaron- Tiago, yo no quiero que te preocupes por nada…

-Tú no entiendes-le interrumpió el rubio-él..él es peligroso.

-Tranquilo-susurró poniendo su mano sobre la del chico-hay algo que debes saber-dijo no muy contento, no le gustaba hablar de cosas desagradables con él pero tenía que decírselo-tu padre fue apresado.

El rubio se sobresaltó-...pero cómo, cuándo

-Me dijeron que en una redada el mismo día en que te atropellé-dijo apretándole la mano para recordarle que estaba allí para él.

Al rubio se le ensombreció la mirada, el día en que lo había atropellado fue el día en el que había logrado huir del infierno.

Gerard le sostuvo de la barbilla para que lo mirara- Tiago, él..murió.

Un estremecimiento recorrió al rubio, la palabra "murió" le llegaba a la mente como algo vago e irreal-cómo...-murmuró descolocado.

-Una riña entre reclusos-dijo y soltándole la mano lo rodeó con su brazo atrayéndolo a su pecho.

Hubo un momento de silencio que luego de un rato Tiago rompió:-tu sabes lo que...-preguntó dudoso, deseaba que Gerard no supiera que su padre lo había vendido, le era vergonzoso, pero sabía que era imposible.

-shhh,jamás pasarás por algo así otra vez-susurró con seguridad sintiendo su ira renacer contra aquellos bastardos que lo secuestraron-te lo prometo.

        El rubio se sentía vulnerable y muy confundido, por un lado se sentía feliz de que Gerard lo amara, esa sensación de calidez que le daba su protección y amor era indescriptiblemente bella, pero por otro lado pensaba que era un estorbo para Gerard, pues además de pobre era hombre y tal vez eso lo perjudicaría al ser una figura pública.

-No te preocupes más-le susurró Gerard al ver que se mantenía en silencio.

-Tú no entiendes-murmuró preocupado.

-Qué no entiendo-dijo con tono molesto aunque en realidad se sentía afligido pensando que tal vez su niño no estaba seguro de sur sentimientos.

-Yo no tengo estudios...soy autodidacta, así que no tengo ningún titulo-dijo apabullado-tampoco tengo dinero ahorrado, es más si tu hermano no me hubiera comprado ropa andaría desnudo.

        Gerard se sorprendió, para ser autodidacta había aprendido mucho ¡hasta otro idioma!, se enterneció, quería que dejara de mortificarse y le dijo pícaro -umm hubiese sido una gran vista-mencionó besándole la frente aliviado, por un momento pensó que terminaría la relación.

-Te estoy hablando en serio-replicó molesto tratando de apartarse con los mofletes sonrosados de vergüenza.

-Lo sé-susurró sonriendo-pero el que no entiendes eres tú.

-Yo...

-Tú eres lo que más quiero, tú eres al único que quiero a mi lado-dijo tomándolo de la barbilla para que lo mirara-amo tu inteligencia, tu carácter, tu voz y tu cuerpo, te amo Tiago más que a nada en el mundo.

        Al rubio se le llenaron los ojos de lágrimas y se abrazó al mayor con fuerza-yo también te amo, pero no quiero ser una carga para ti.

-Pero que carga vas a ser con tan sólo 40 kilos-bromeó para que dejara de llorar y olvidara su aflicción.

-Pero serás-exclamó separándose y levantando su puño con enojo.

Gerard rio a carcajadas.

-Algún día te..-gritaba molesto el rubio cuando fue interrumpido.

-¡Buenos días!-exclamó eufórico Litz entrando sin reparos-¡pequeninho!-saludó al rubio con un diminutivo en su idioma; desde que supiera la nacionalidad del chico se había empeñado en aprender ese idioma, aunque no se le daba muy bien.

-Pequeño tu madre-dijo cruzándose de brazos y hundiéndose en el sillón con cara de pocos amigos.

Litz puso los ojos como dos puntitos-qué pasó.

Gerard sonrió divertido-nada, ya casi estamos listos-dijo envolviendo al rubio con su brazo y pegándolo a él lo besó en la cabeza.

El rubio ensanchó sus ojos y se puso rojo como un tomate.

Litz puso una expresión de total felicidad-¡lo conseguiste, ya son novios!-exclamó sonriente.

-¡Cállate! -dijo el rubio apenado tratando de zafarse del mayor que parecía un pulpo, era como si le salieran manos y evitaban su cometido.

-Sí, ya somos-dijo el mayor apresando la cara del pequeño y dándole un corto beso en los labios.

-¡Que bien felicidades!

El rubio quedó en shock y como un semáforo su cara fue un caleidoscopio de colores.

-Bien, vamos-dijo Gerard levantándose y tomando la mano del pequeño lo haló suavemente hasta ponerlo de pie.

Pero aunque todo parecía ser un idilio perfecto alguien desde las sombras planeaba algo diferente.

-No te vas a quedar con lo que es mío médico de pacotilla-habló una voz cargada de odio y celos.



Capítulo IX



          Antes de salir Tiago se había cambiado, ahora vestía una playera verde agua y unos jeans, antes de subir al auto hubo una pequeña disputa entre Litz y el rubio por quién se sentaría de copiloto, disputa que ganó el portugués gracias a la intervención de Gerard. Como el rubio no había alcanzado a desayunar así que los mayores decidieron parar en un bonito café para comer algo. No más al entrar las miradas se posaron en el rubio y es que su belleza casi infantil era difícil de ignorar, pero Tiago no era consciente de su propia belleza. El trío se sentó en una mesa junto a una ventana y pronto vino hacia ellos una muchacha peliazul.

-Bienvenidos-dijo ofreciéndoles el menú.

-Gracias-contestaron los tres al unísono.

         Terminaron decidiéndose por las crepas y café para los mayores y crepas y merengada de fresa para el menor quien no dudó en mandarlos al carajo por tratarlo como a un niño. Litz se reía sin pudor pero Gerard mantenía su ceño fruncido pues había notado que desde que habían entrado al local un hombre pelirrojo en la barra tenía sus hijos fijos en su rubio.

-Verdad Gerard ¡Gerard!-llamó el rubio zarandeando al mayor.

-Qué-dijo este descolocado.

-Es que no escuchas-dijo cruzándose de brazos molesto-bueno ya no importa.

-Por eso estas tan chiquito-dijo Litz para picarlo-la gente que hace corajes se queda enana.

-Enano la madre que te...

Gerard ignoró la pueril discusión y volvió la vista al sujeto de la barra, pero ya no lo vio, inspeccionó con la mirada el lugar pero no lo halló y supuso que tal vez se había marchado, pero por alguna razón no se sentía tranquilo.

-Aquí está la orden-dijo la joven con una sonrisa, pero aún estaba sirviendo cuando un joven la tropezó haciendo que derribara la comida sobre Tiago.

         Apenados, tanto el joven que la tropezó como la misma muchacha trataban torpemente de limpiarlo y se disculpaban reiteradas veces.

-Pero qué clase de lugar es este-bufó molesto Gerard asustando al dúo.

-No pasa nada-dijo el rubio sonriendo conciliador-voy al baño y ya.

Los jóvenes lo miraron con ojos acuosos de agradecimiento, Gerard de verdad los asustaba.

-Tranquilos, ya vengo-dijo el rubio yendo al baño.

Litz trató de calmar a su hermano quien seguía molesto.

         El rubio entró al baño, ahí dentro estaba otra persona, el pelirrojo de la barra. Tiago, inocente de todo, lo ignoró y abrió la pila del lavamanos para limpiarse un poco.

-¿Un accidente?-preguntó el pelirrojo fingiendo un encuentro casual, pero lo cierto es que su amigo le había echado una mano tropezando a la camarera.

-Sí-dijo el rubio-nada grave.

-Bajo mi punto de vista sí-dijo con tono seductor-es un crimen ensuciar a un ángel tan bello.

        El rubio sólo lo miró con desdén y se dio vuelta para salir, ya no le importaba limpiarse, detestaba a los idiotas zalameros, pero el otro le asió el brazo deteniéndolo.

-No sabes que es de mala educación dejar a la gente con la palabra en la boca.

-Y a ti no te han dicho que es desagradable repetir frases trilladas de novela barata-replicó con aire altanero.

        El pelirrojo arqueó las cejas sorprendido-así que el mocoso tiene carácter-dijo al tiempo que lo arrojaba contra la pared del fondo y cerraba la puerta del baño con seguro-me gusta.

-Deja de decir estupideces, quítate del medio-exclamó el rubio tratando de sonar calmo.

        El pelirrojo lo arrinconó y se relamió los labios-te voy a tener que castigar-le dijo lujuriosamente y ante el intento del rubio para gritar lo besó furiosamente, el rubio trataba desesperadamente de zafarse pero aquel hombre lo apretujaba con mucha fuerza, tanta que pensó que le partiría las costillas, el beso fue prolongado, el pelirrojo paseaba su lengua a placer por la boca del menor y excitado lo tomó de la cintura y lo sentó en la repisa de los lavamanos sin romper el beso, metiendo al tiempo su mano por debajo de la playera disfrutando de la suave piel. El rubio lo golpeaba, lo empujaba, se retorcía pero no lograba zafarse. El otro rompió el beso pero le metió tres dedos en la boca pera que no gritara y aunque Tiago lo mordió con fuerza sacándole sangre, el pelirrojo no se inmutó, le mordisqueaba el cuello sin piedad y con su mano libre trataba de quitarle los pantalones. En Tiago se hizo patente una sensación ya conocida: pánico. En su mente no cabía la resignación, no ahora que había encontrado el amor verdadero, pero no tenía escapatoria, sólo pensó “Gerard…”



Capítulo X




        Gerard estaba molesto pero no solo por el simple accidente con la mesera sino porque tenía la sensación que algún peligro rondaba cerca y la certeza se la dio el joven que había tropezado a la mesera quien actuaba extraño y parecía querer evitar que fuera por su rubio. Gerard terminó noqueándolo al perder la paciencia y al llegar al baño y notar que la puerta estaba cerrada con seguro confirmó que sus sospechas eran ciertas.

         De una patada rompió la puerta.-¡malnacido!-rugió y de ipso facto le quitó de encima el pelirrojo al rubio-¡te voy a matar!-gritó al tiempo que empezaba una lluvia de golpes potentes sobre el pelirrojo que sólo alcanzó a encogerse tratando de protegerse inútilmente.

        Uno tras otro los puñetazos iban llenando de sangre el lugar, llegó entonces Litz. -¡Gerard, cálmate!-gritó agarrando a su hermano por la espalda-esta basura no vale la pena-intentó detenerlo, si lo mataba todo se volvería un rollo engorroso y fastidioso. Buscó con la mirada a su cuñado y lo vio en un rincón, el chico estaba como ido, llorando recargado de los azulejos tapando su rostro con sus manos-¡Tiago!

        Al exclamar su nombre Gerard reaccionó y zafándose de su hermano se acercó rápido a su rubio-Tiago-llamó sosteniéndole el rostro con ambas manos pero el chico seguía perdido, asustado Gerard se mojó la mano y la pasó por la cara del portugués-Tiago-volvió a llamar, entonces el muchacho reaccionó.

-¡Gerard!-exclamó con un hilo de voz al tiempo que se abrazaba a él con fuerza sintiéndose seguro ahora.

-Tranquilo,ya pasó-susurró acariciándole la cabeza, enredando sus dedos en las hebras doradas-ya estoy aquí.

        El rubio lloró en el pecho del mayor hasta calmarse un poco, en eso la camarera que había estado pendiente de todo el ajetreo entró-disculpe señor...-dijo tragando grueso al ver al pelirrojo inconsciente y lleno de sangre-aquí tiene agua con azúcar...para el niño.

        Gerard la miró con enojo, sabía que la joven no tenía la culpa pero ¡diablos, estaba enojado! De mala gana aceptó el vaso dándoselo al rubio quien bebió solo un poco.

Litz se acercó a su hermano-mejor vámonos-le dijo en voz baja, ya que notaba que se empezaban a aglomerar los curiosos.

Gerard ayudó al rubio a bajarse del lavabo, él hubiese preferido llevarlo en brazos pero sabía que al portugués le disgustaría así que sólo le tomó la mano y salieron del lugar.

        El viaje fue silencioso. Al llegar a Amsterdan Gerard condujo al rubio a su departamento ubicado en un edificio lujoso del centro de la ciudad. Litz se marchó para resolver sus asuntos. El rubio ni siquiera notó lo costoso del lugar pues estaba sumido en sus pensamientos, sentía un poco de vergüenza. Al entrar Gerard lo sacó de sus cavilaciones.

-Espero que te guste-le dijo poniéndole la mano en el hombro.

-¿eh?...-dijo mirando el lugar, abrió los ojos con asombro, el sitio era inmensamente grande y con una decoración exquisita-es..es muy bonito.

        Gerard sonrió y le tomó la mano para guiarlo-mira-dijo llevándolo a la cocina-esta es la cocina-salió de ahí y lo fue llevando mostrándole cada rincón de la casa hasta llegar a las habitaciones-está será tu cuarto ¿te gusta?-preguntó mirándolo con detenimiento.

        El rubio estaba pensando en lo que recién le había sucedido en el café, alzó la cara para mirar al mayor-Gerard, gracias por salvarme-le dijo con su corazón lleno de gratitud.

        Gerard sintió un nudo en su garganta, sentía que le había fallado y que no merecía esa gratitud. Le acarició la mejilla, quería borrar todos sus sufrimientos. Se inclinó y lo besó, el rubio correspondió pasando sus brazos por el cuello del mayor y este envolvió su cintura, fue un beso largo, pasional, las lenguas danzaban juntas, en una caricia de amor,Gerard comenzó a excitarse en demasía y guio al chico hasta la cama donde lo tumbó de espalda y se le echó encima, rompió el beso y lo miró a los ojos, temiendo asustarlo pero Tiago le sonrió y le dio un tierno beso en los labios indicándole que podía seguir, se sentía nervioso pero amaba a Gerard y quería demostrárselo. El pelinegro sonrió sintiéndose el hombre más afortunado del mundo y atrapó los labios del menor en un beso apasionado, sus lenguas se encontraban y se reconocían, Gerard rompió el beso y le mordisqueó el lóbulo de la oreja.-eres precioso-le susurró.

         El menor se estremeció, sintió como el otro metía sus manos bajo su playera acariciándolo con ansiedad al tiempo que su lengua caliente le exploraba el cuello. Con agilidad Gerard le quitó la playera y observó con lascivia las rosadas tetillas, el rubio se retorció de placer cuando Gerard atrapó una con su boca y la succionó y lamió con pasión. Luego, beso a beso recorrió el abdomen poniendo especial atención al ombligo, sus manos expertas desabotonaron el pantalón y en cuestión de instantes el portugués ya no los tenía, Gerard lo contempló y se relamió los labios deseoso, se acercó al rostro sonrojado del menor y lo volvió a besar, al romper el beso no se pudo apartar pues el rubio lo tenía sujeto por la corbata, él lo miró y comprendió que su niño quería participar así que lo dejó hacer.

        Con delicadeza Tiago le quitó la corbata y luego comenzó a desabotonarle la camisa, mientras lo hacía se mordía el labio inferior y mantenía sus cachetes rojos no solo por la excitación sino también por la vergüenza pues era su primera vez. Gerard lo sabía y eso le disparaba el libido intensamente. Cuando quedó sin camisa ayudó a Tiago a quitarle los pantalones así los dos quedaron en boxer. Gerard volvió a unir sus labios con los del pequeño portugués y enseguida bajó a las caderas donde dejó un suave beso mientras lo despojaba de la ropa interior observando el miembro despierto, fijó su vista en el rostro del chico quien jadeaba y mantenía los ojos entrecerrados, lamió el glande y el rubio se arqueó al tiempo que soltaba un suave gemido, el pelinegro sonrió y lamió un poco el pene antes de metérselo a la boca y comenzar un subir y bajar delicioso, el rubio sujetó con una mano los cabellos del mayor mientras con la otra apretaba las sabanas, sus gemidos eran cada vez más fuertes e inconscientemente comenzó a mover su cadera buscando más placer, Gerard lo complació, se movió más rápido aumentando el placer y finalmente Tiago eyaculó en su boca soltando un fuerte gemido y estremeciéndose.

        Gerard se separó tragándose la semilla de su amante y se aproximó a su cuello besándolo, el rubio respiraba aceleradamente y mantenía sus ojos cerrados aun sin recuperarse. El pelinegro llevó sus dedos a la pequeña boca.-chúpalos-le susurró seductor al oido.

        El rubio entreabrió los ojos, no sabía exactamente qué iba a pasar pero obedeció. Luego de un rato Gerard bajó su mano hasta el entrepierna del chico y besándolo en los labios metió un primer dedo.

       Tiago abrió los ojos de golpe y rompió el beso-¡me duele!-gritó exaltado tratando de apartarse pero Gerard lo sostenía firme.

-Tranquilo-le susurró al oído-pasará.

-Gerard..-el rubio se aferró a los hombros del mayor temeroso.

-¿Confías en mí?-preguntó Gerard mirándolo a los ojos lleno de deseo.

El rubio apretaba sus dientes con fuerza, se enfocó en los ojos de su amante y asintió levemente.

-Te amo-le dijo Gerard besándolo, comenzó a mover el dedo muy lentamente, sentía al menor tenso y comenzó a besarle el rostro y a susurrarle palabras dulces hasta que sintió que se tranquilizaba un poco.

Tiago jadeaba, ya no sentía dolor pero le era un poco incómodo, sin embargo los besos de Gerard eran cálidos, cuando comenzaba a relajarse Gerard le metió un segundo dedo.

-Arrgg-se quejó el rubio echando su cabeza hacia atrás.

Gerard aprovechó para besarle el cuello y también el lóbulo de la oreja-eres mi vida-le susurró.

        Tiago sintió su aliento en su oreja y se estremeció, trataba desesperadamente de calmarse, pero no podía ¡vaya que le dolía! Gerard esperó, sentía la entrada del rubio pulsante presionándole los dedos, le mordió suavemente el hombro y luego atrapó sus labios para comenzar a mover sus dedos, sus cuerpos sudaban y se sentían calientes, después de besarse por un rato y cuando el rubio estaba acostumbrado al par de intrusos en su cuerpo Gerard metió el tercero.

-Arrgg, ya Gerard-rogó el rubio sintiéndose sofocado.

-Tranquilo-susurró Gerard-ya casi.

        Cuando sintió que el rubio estaba lo suficientemente dilatado sacó sus dedos y se situó entre sus piernas levantándoselas un poco, los ojos azules se clavaron en los negros reflejando un poco de temor. Gerard se sentía a arder, observó con detenimiento el rostro de su amante con sus mechones rubios pegados a su frente perlada de sudor, su boca entreabierta y las mejillas sonrosadas y una mirada inocente, asustada y lujuriosa a la vez.-te amo-le dijo y comenzó a entrar en él.

        Al sentir el glande traspasando su entrada el rubio apretó los dientes y se aferró a las sabanas, cuando el miembro estuvo totalmente dentro arqueó la espalda, Gerard lo sostuvo de las caderas y comenzó a moverse lentamente, se sentía pleno, Tiago era muy estrecho y su ano apretaba deliciosamente su miembro, se inclinó para besarlo y el rubio se aferró a sus hombros, le estaba doliendo mucho, pero las profundas estocadas tocaron una parte sensible que le provocó un estremecimiento y deseoso olvidó el dolor y empezó a moverse buscando más de ese adictivo placer, los dos se movían acompasadamente acariciándose con pasión, Gerard ya había perdido el autocontrol y embestía al pequeño con fuerza, casi saliendo de él y luego volviendo a entrar muy profundo, le enloquecían los gemidos del rubio y la forma como este se aferraba a él.

-¡Gerard!-gritó el chico y convulsionándose se corrió.

       Atrapando sus labios en un beso furioso de pasión Gerard le sostuvo firme para dar tres fuertes estocadas y correrse dentro del pequeño.

       Jadeando se sostuvo de sus antebrazos para no echar todo su peso sobre el menor quien lucía exhausto, tenía los ojos cerrados y respiraba descontroladamente.

        Gerard le dio un corto beso-ha sido hermoso-le dijo en un tono muy bajo-te amo-dijo mientras lo acariciaba el muslo, entonces lentamente y con mucho cuidado salió de él y se acostó a su lado atrayéndolo sobre su pecho.
        Lo observó con detenimiento y notó la sangre entre sus piernas y la sabana, sabía que era virgen pero aun así era mucha. Es que el miembro de Gerard apenas le cabía, esperó unos minutos para que el chico se recuperara-¿Estás bien?-le preguntó acariciándole la mejilla

-…Sí-contestó Tiago sonriendo y de manera infantil se aferró al mayor.

        El pelinegro sonrió aliviado y le besó la cabeza-vamos a bañarnos-dijo levantándose y trayendo consigo a Tiago, cargándolo llegó hasta el baño. Allí con el agua tibia cayéndoles suavemente se asearon entre caricias y besos. Luego Gerard lo llevó a su habitación, la alcoba principal y se acostaron abrazados para luego rendirse en un profundo sueño reparador.

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