Capítulo VI
La noche ya había caído. El rubio había intentado varias veces, sin éxito, coger el manojo de llaves de Litz aprovechando todo el ajetreo que este mantenía en la cocina mientras hacía el postre. Frustrado apretó el peluche para luego arrojarlo al suelo con fuerza, necesitaba hacer algo pero no sabía qué, miró de soslayo la cocina y frunció la boca fastidiado, entonces decidió que lo mejor que podía hacer era explorar la casa. Así lo hizo, salió de aquel salón y atravesó un amplio pasillo, en él habían fotos de los hermanos cuando eran más jóvenes y otros de una pareja que el rubio supuso eran los padres de estos, descubrió entonces la escalera y sin pensarlo dos veces bajó, eso sí, se demoró bastante porque no estaba acostumbrado a las muletas, cuando llegó al piso inferior observó con asombro que este era algo así como un área de juegos, había mesas de pool, de pingpong y hasta una amplia piscina olímpica, curioso fue hasta ella, se percató entonces de que a pocos metros estaba un equipo de gimnasia, yendo hasta allí pasó su mano por el potro, maravillado iba a sonreír cuando sintió una mano en su hombro y su corazón se congeló.
-Qué haces aquí-preguntó una potente voz varonil que ya conocía, era Gerard.
Asustado el chico se giró para encararlo-nada-se apresuró a contestar creyendo que aquel hombre estaba enojado por husmear sus cosas.
Gerard contempló lo hermoso que se veía con ese adorable sonrojo y esa ropa que resaltaba sus ojos claros, sin poder evitarlo le acarició la mejilla, pero esto bastó para que el rubio volviera a estar a la defensiva y lo apartara de un manotazo. Gerard no se inmutó y antes de que el chico pudiera decir algo se escucharon los pasos presurosos de Litz.
-¡Juan!-gritó aliviado y de prisa corrió hacia el rubio tratando de abrazarlo.
El chico abrió los ojos a plenitud y dejando caer las muletas lo empujó lejos de él-¡Déjame!
-Cielos que arisco-dijo sonriendo aliviado-diantres, creí que te había pasado algo.
Gerard miraba a su hermano algo enojado, se suponía que debía cuidar al rubio, cómo se le había escabullido.
-Gerard, cómo te fue-preguntó a su hermano.
-Bien-contestó este secamente y su hermano entendió que no diría más pues allí estaba el pequeño rubio.
-Tengo que irme-dijo dándole unas palmadas en la espalda a su hermano-después hablamos.
Gerard no dijo nada, sólo lo miró con rostro impasible.
-Nos vemos-dijo sonriéndole-hasta pronto, niño-se despidió guiñándole un ojo.
Los dos se quedaron quietos, escuchando los pasos de Litz alejándose y luego el sonido de la puerta cerrándose indicándoles que estaban solos. El rubio se sentía sumamente incómodo con la intensa mirada del mayor sobre él, quiso agacharse para recoger sus muletas pero el otro se le adelantó recogiéndolas él, pero en lugar de devolvérselas lo cargó y comenzó a andar.
-No-se quejó el rubio molesto.
Gerard caminaba sumido en sus pensamientos, aun retumbaba en su cabeza todas aquellas imágenes atroces que le había mostrado Helmut y que le oprimían el pecho tan dolorosamente, subió las escaleras sin siquiera notar el forcejeo del menor quien empezaba a caer en pánico creyendo que él consumaría lo que otros no habían podido. Al llegar a la planta alta Gerard se inclinó para colocar al rubio en el suelo y al erguirse se encontró con los ojos azules, entre asustados y rencorosos, fijos en los suyos, Gerard los contempló con fascinación, paseó su vista por la pequeña nariz para detenerse en la boca rosada que prometía ser un manjar, se enterneció, ese niño tenía carácter, valentía, tenacidad y era condenadamente bello, en verdad le gustaba mucho. Sintió deseos de cuidarlo, de hacerlo feliz y sin pensarlo mucho lo abrazó delicadamente pero con firmeza, el chico trató de empujarlo pero el otro no cedió.
-Tranquilo-le susurró quedamente en el oído-yo voy a protegerte siempre,Tiago. Gerard esperaba transmitirle seguridad con ese abrazo.
El rubio ensanchó los ojos-"cómo sabe mi nombre"-pensó asustado-"quién es este tipo".
Un momento después Gerard lo soltó y observó la confusión en el otro, lo tomó de la cintura y lo sentó en la mesa -Escucha-le dijo algo autoritario-Te quedarás conmigo y nadie más te hará daño jamás-esa era su forma de declarársele.
Los ojos azules se llenaron de lágrimas, por lo que había entendido ese hombre lo sabía todo sobre él y eso lo aterraba, ¡cómo era posible!,Tiago tragó grueso y recomponiéndose un poco respondió:-Y qué pasa si yo no quiero.
Gerard puso sus manos sobre la mesa a cada lado del chico- Pues no es tú elección.
El rubio frunció el ceño-Así que tu promesa de protección no incluye protegerme de tí.
El mayor mantenía sus ojos fijos en los del rubio y aunque este estaba bastante asustado y lo notaba por su breve temblor no desviaba la mirada, a Gerard esa altanería le gustaba-Me gustas-dijo sonriéndole de medio lado de manera sexy.
El rubio se sonrojó violentamente algo descolocado, esperaba cualquier cosa menos esa respuesta, frunció el ceño y furioso agarró la camisa del mayor con fuerza sintiendo ganas de golpearlo y acercando su rostro le siseó amenazante- Pues tú a mí no me gustas, no me gusta tú hermano, tú amigo ni tú maldito país.
Gerard no prestó atención a las palabras, su mente estaba fija en las mejillas coloradas y esa boca deliciosa, así que sin más lo besó.
El rubio se quedó en shock, pero al instante comenzó a forcejear obteniendo como resultado que Gerard lo tomara de la cintura y la nuca y lo pegara más a él. El mayor disfrutaba saboreando esos dulces labios, un beso suave y apasionado a la vez, aprovechando un intento de protesta por parte el rubio el pelinegro introdujo su lengua en la cavidad virgen y exquisita, apretando la calidez del pequeño cuerpo contra el suyo, cuando sintió que el rubio necesitaba aire se apartó, por diferentes razones los dos respiraban aceleradamente, Gerard pasó sus dedos suavemente por los labios hinchados del menor quien lo miraba con espanto y es que en su cabeza sólo había desesperación.
-Perdóname-susurró Gerard y cargándolo nuevamente lo llevó a la habitación mientras sentía los latidos desbocados del rubio que no pronunciaba palabra alguna. Al llegar lo puso suavemente sobre la cama y entonces sintió que el menor le ponía las manos en el pecho, lo miró sorprendido y se encontró con las orbes azules llenas de lágrimas.
-Por...favor...no-el rubio suplicó vencido.
Gerard sintió que se le estrujaba el corazón y se arrepintió de haber sido tan brusco con él, alzó su mano y le acarició la mejilla-No llores, no te haré nada.
El rubio lo miró esperanzado mas no muy convencido.
-Ya no estás solo-le dijo quedamente y levantándose lo besó en la frente-hasta mañana-se despidió y cerró la puerta.
El rubio soltó un hondo suspiro de alivio, aún temblaba y no podía dejar de llorar, pero a la vez había una calidez naciendo en su pecho, pensó que talvez ese hombre no era tan malo. Tiago se abrazó a sí mismo con un manojo de dudas en su mente.
Mientras en su habitación Gerard se relamía los labios sintiendo aun el dulce sabor de los suaves labios del menor, se había excitado en demasía, de hecho tenía su miembro duro y apretado en su pantalón, había hecho un esfuerzo sobrehumano para no abalanzarse sobre el chico, sabía que al estar traumado debía ir con cuidado. Fue hasta el balcón de su habitación recostándose en la baranda, la suave brisa movía alguno de sus mechones negros, sonrió imperceptiblemente, jamás se había preocupado tanto por nadie, las parejas que había tenido nunca provocaron en él más que un calentón de momento, por eso nunca había durado en una relación. Siempre le habían sido indiferente los sentimientos de los demás y ahora se burlaba de si mismo pues se mortificaba por agradarle a un niño, un mocoso que apenas le llegaba al pecho, se pasó una mano por el pelo, vaya que su miembro pulsaba dolorosamente por atención, sacó un cigarrillo, lo encendió y le dio una calada. Esa noche pasó largo rato pensando en su pequeño tormento.
Capítulo VII
Había pasado dos semanas y Gerard no había atosigado al chico en todo ese tiempo, pues deseaba que este confiara en él, que entendiera que lo quería de verdad y que jamás lo dañaría, aunque no podía evitar lanzarle ciertas miraditas de tanto en tanto. Tiago aun no confiaba del todo, pero estaba un poco menos receloso, ya no se sobresaltaba cuando el pelinegro estaba en la misma habitación que él y también se sentaba a la mesa a comer con Gerard, eso sí, sin mirarlo. Gerard estaba dichoso con eso, además el pie del chico ya estaba bien y la cortada del muslo había cicatrizado, de hecho en la tarde le quitaría los puntos, también los moretones casi habían desaparecido y el chico estaba más repuesto.
Era mediodía y Elsa sirvió paté de hígado, Tiago frunció el ceño pero no dijo nada, tomó el cubierto y empezó a comer, a leguas se notaba lo mucho que le desagradaba. Gerard lo observaba deleitándose con sus movimientos, en eso Elsa entró al comedor con unas croquetas en forma de animalitos.
-oh mi pequeñito Pongas esa cara-dijo dándole un beso en la cabeza-también te hice croquetas y están muy ricas.
-¡Elsa!-protestó el chico sonrojándose, estaba cansado de pedirle que no le dijera pequeño.
Gerard suprimió una sonrisa. -¡oh, perdona perdona!-dijo la señora sin querer hacerlo enojar.
-está bien, gracias-dijo apartando el paté y tomando las croquetas aun con las mejillas sonrosadas.
La tarde transcurría tranquila, Tiago estaba sumido en sus pensamientos, hace dos días había conseguido el manojo de llaves y lo había ocultado en el conejo de peluche, pero no había conseguido la oportunidad y además, empezaba a dudar de sus planes pues comenzaba a sentir simpatía por Gerard, echado en el mueble cerró los ojos confundido. Ya eran las cuatro de la tarde, Elsa ya se había ido y Gerard se acercó al jovencito sonriendo, no podía evitar sentir ternura por él.
-Tiago-llamó en voz baja y seductora.
El chico se sobresaltó sentándose de golpe.
-Tranquilo-dijo el mayor hincándose frente a él-te voy a sacar los puntos
El rubio asintió sintiéndose un poco nervioso.
-Descuida, no dolerá-le dijo Gerard al verlo morderse el labio inferior.
Tiago se sonrojó.
Gerard se maldijo mentalmente, se estaba excitando ante cada gesto del menor, trató de enfocarse y retiró los puntos ciertamente sin causarle dolor -ya esta-anunció terminando su labor.
-Gracias-dijo el chico sonrojándose.
Gerard se sorprendió y lo miró, el rubio desvió la mirada y el pelinegro tragó grueso ¡Dios quería besarlo! Pero necesitaba la aceptación del rubio, realmente lo deseaba, así que le propuso algo-te gustaría salir.
Ahora el sorprendido era el rubio, aun así asintió. Gerard sonrió. Después de cambiarse Tiago salió de la habitación, llevaba puestos unos pantalones negros algo holgados y una camiseta roja que resaltaba con su piel aporcelanada.
Gerard no pudo evitar relamerse los labios-"cielos, se ve muy sexy"-pensó.
El rubio estaba algo nervioso, no sabía a dónde pretendía llevarlo pero tampoco le preocupaba mucho, estaba cansado de estar encerrado. Gerard le abrió la puerta del auto pero el rubio frunció el ceño.
-No soy una mujer-gruñó empujándolo y entrando en el auto cerró la puerta.
Gerard rió-¡que cascarrabias! El pelinegro sentía una dicha inusual, jamás había experimentado tanta felicidad y un placer tan grande en atender a otro. Subió al auto disfrutando de la expresión de enojo de su compañero quien se veía adorable con la boquita rosa fruncida. Durante el trayecto mantuvieron silencio, pero no incómodo, al cabo de media hora llegaron, el pelinegro miro de soslayo al chico deleitándose ante la expresión de júbilo que este ponía. Estaban en una feria, pero el tipo de feria tradicional con carruseles y ruedas de la fortuna, sino una feria tecnológica de videos juegos, es que Litz le había platicado de lo feliz que el rubio se puso cuando lo invitó a jugar con el X-box, así que pensó que este lugar lo fliparía y dio en el clavo. Bajaron del auto y el rubio miraba todo con curiosidad y emoción.
-Bien qué quieres hacer primero-le preguntó Gerard.
-Allí-dijo señalando un stand de guerra virtual.
El juego consistía en adentrarse ambientado como una selva, había dos bandos, los jugadores llevaban puesto un peto que indicaba cuando le disparaban y por lo tanto quedaban fuera. Gerard y el rubio estaban, por supuesto en el mismo equipo. De más está decir que Tiago estaba disfrutando mucho, además salvó en dos oportunidades a Gerard y eso lo hacía sentir emocionado hasta que finalmente le dieron y entonces Gerard disimuladamente se dejó dar también. Tiago la estaba pasando fenomenal, había estado en casi todos los juegos, ahora estaban en uno llamado Tree Fantasy, Tiago ya había escogido su personaje, un guerrero vikingo poderoso y temible, Gerard por su parte tenía problemas para escoger el suyo pues no entendía muy bien de qué iba el asunto y sin querer terminó escogiendo un diminuto e indefenso hobbit.
Tiago rompió a reír a carcajadas.
-Diablos-murmuró apenado y enojado Gerard.
-¡Que impacto vas a causar!-dijo entre risas el rubio.
-Lo escogí en tu honor-dijo para picarlo, sabía que su tamaño era su debilidad.
-Serás-exclamó dejando de reír con un adorable moflete.
Ahora fue el pelinegro quien rio a carcajadas. Al terminar fueron a una heladería para luego caminar por el parque hasta llegar al malecón donde se detuvieron a ver el mar que se mecía suavemente y reflejaba la pálida luna. Gerard veía fijamente al rubio.
-Por qué me ves así-preguntó el menor algo nervioso al sentir la intensa mirada.
El rubio tenía un poco de helado en la comisura del labio, Gerard sonrió y le pasó la mano limpiándolo y a la vez acariciándolo. Tiago se sonrojó.
-Eres muy lindo-le dijo y suavemente se inclinó para besarlo.
El rubio abrió sus ojos a plenitud sintiendo como su corazón se desbocaba y no se apartó, sintió el contacto de los labios del mayor sobre los suyos y cerró los ojos, le gustaba, se sentía protegido y querido. El suave beso fue corto, Gerard lo miró sintiéndose alentado ¡no lo rechazaba! entonces pasó su mano por la cintura del menor y otra por su nuca acercándolo más a él y de nuevo lo besó, rosando sus labios suavemente, para luego abrirse paso en la pequeña boca saboreando cada centímetro, disfrutando de cada rincón, sintió los pequeños brazos asirse a su cuello y se excitó violentamente, su lengua experta saboreó cada rincón.
-hmn-murmuró el rubio necesitando de aire.
Entonces el pelinegro rompió el beso mas no lo soltó, el rubio bajó sus manos hasta el pecho del mayor y desvió la mirada, se sentía muy nervioso y apenado, le había encantado el beso pero estaban en la vía pública.
-Te amo-le dijo el mayor atrayendo su mirada.
El rubio se sonrojó aún más y bajó el rostro, sentía que su corazón se le iba a salir por la boca-yo...también-susurró apenas audible.
Gerard sonrió y lo abrazó, estaba dichoso al fin el rubio lo aceptaba, se apartó delicadamente y lo tomó de la mano-vamos-dijo echando a andar.
El rubio puso sus ojos como dos pequeños puntitos y pensó:-¡suéltame pedazo de tonto que me da vergüenza!-pero en el fondo se sentía feliz.
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