lunes, 12 de enero de 2015

Un ángel llora 21-22 Fin




CAPÍTULO XXI

        Gerard se había puesto al volante  y giró tan violentamente que casi vuelca la furgoneta, estaba desesperado, las fincas de lujo estaban a tan sólo unas avenidas y de entre todas ellas la única en loa que podía estar su rubio era la finca Valley, la única de la que no conocía a su dueño.

        Había estupor entre los oficiales ¡cómo alguien se atrevería a poner una pista falsa tan cerca del sitio real!. Sólo el capitán, un hombre de experiencia le encontraba razón a ello, y es que él sabía que las razones de Mark para actuar así era el odio hacia Gerard las ganas de humillarlo. Muchas veces había visto a grandes mentes caer por cosas tan simples como la vanidad y a Mark le sucedía lo mismo, le era claro que la intención de Mark era burlarse de Gerard, era obvio que había hecho las cosas de esa manera para que Gerard encontrara el sitio real, claro jamás tan pronto, seguramente se habría imaginado a Gerard llegando a la finca días después , encontrando todo sólo, sin el rubio que tanto adoraba; pero  por suerte las cosas se le habían salido de control y ahora sólo rogaba porque aquel pequeño rubio aguantara un poco más.

        En la habitación Mark se relamió sintiendo su miembro pulsar de deseo, pero entonces un sonido lo distrajo, era el repique de un celular, ambos hombres miraron al baño, de allí venía el ruido, los ojos de uno desconcertado, los del otro asustado, entonces la imagen del rubio en el baño le vino a la mente y cayó en cuenta, miró fúrico al menor y le descargó una sonora cachetada.
-¡pequeña sabandija!-soltó enfurecido preguntándose cómo demonios había conseguido un celular.

       El rubio, con el rostro aún de lado y los flequillos tapándole los ojos sonrió sintiendo el sabor metálico de su propia sangre, le había golpeado con mucha fuerza.

-Púdrete-le dijo volteándose para mirarlo a los ojos-púdrete maldito-gritó ésta vez.

Mark sonrió macabramente-no creas que con esto el maldito medicucho te va a salvar-le dijo sujetándole con fuerza el cabello para que lo mirara y dándole una lamida en la mejilla le susurró en un tono frío y amenazante-tú vas a ser mío y te voy a penetrar sin piedad.

El rubio tembló.

        Mark se irguió y le dio un puñetazo en el estómago, el portugués ensanchó los ojos y abrió la boca soltando un grito mudo para luego cerrar sus ojos quedando inconsciente. Debían irse rápido de allí. Buscó su pistola y se cercioró que estuviese cargada, añadió dos balas para completar el peine. Luego desató al rubio y tomándolo en brazos se lo echó al hombro.

-ningún maldito cabrón me va a quitar lo que me pertenece-murmuró saliendo de la habitación-Howard-gritó llamando a su mayordomo-¡Howard!

El mayordomo, un anciano enclenque, corrió hacia él-diga mi señor-dijo ruborizándose al ver el trasero del chico expuesto.

-Dile a esos idiotas que traigan el auto, nos vamos-ordenó mientras seguía su andar.

-sí señor-dijo el hombre con una reverencia y corrió a cumplir la orden.

Mark bajaba las escaleras furioso, dos veces le habían frustrado su gozo, pensando en eso se oyeron disparos y se detuvo-¡Maldición, ya llegaron!

Dos de sus hombres entraron a la sala y se apostaron en las ventanas.

-señor, es la Interpol-gritó asustado uno de ellos al ver  que una furgoneta negra con las siglas de esa agencia rompía la cerca y era escoltada por cuatro patrullas.

-Señor, Kyle y Brian están muertos-comentó el otro al no recibir respuesta de sus compañeros por el intercomunicador.

-¡Maldita sea!-exclamó Mark terminando de bajar las escaleras-cúbranse,, ellos no van a entrar, saben que tenemos a un rehén-explicó calmado mientras depositaba al rubio en un sofá apartado, cuidando de no dejarlo en área de tiro.

Los hombres asintieron, confiaban en su señor.

Gerard forcejeaba con varios agentes, él había matado a los dos guardias de la puerta e iba decidido a buscar a su rubio.

-señor cálmese, no sabemos cuántos hay adentro-clamaba uno de los oficiales.

-Ya estamos aquí, no lo arruine todo-decía otro.

Gerard gruñó y se apartó, los hombres lo soltaron mirándolo recelosos.

El líder del escuadrón tomó un megáfono- están rodeados, no hay forma de que escapen, salgan con las manos en alto y se les respetará la vida.

        Hubo silencio. Los policías esperaban atentos palpando la tensión en el ambiente, las luces de la casa se apagaron y de pronto hubo disparos. Dos policías cayeron muertos  y otros tantos heridos; luego todo cesó. La confusión, el asombro y la rabia se cernió entre los policías.

-¡Maldita sea!-exclamó furioso el capitán- tienen armas de alto poder- buscó con la mirada a Gerard pues sabía que era un hombre de poca paciencia, pero no lo vio y ensanchó los ojos-“ese idiota está actuando solo”-pensó preocupado.

Dentro de la casa Mark y sus hombres tenían el control de la situación, tenían ojos de gato que les permitía ver con claridad, además sabían que les venían refuerzos y el hecho de contar con un rehén mejoraba mucho su situación.

-Eric-llamó Mark a uno de sus hombres-ve a traer los explosivos.

El hombre sintió y fue a buscarlos a una habitación trasera, pero en el pasillo se sorprendió al ver al anciano sirviente en el suelo desmayado, o tal vez muerto.

-Pero qué…

        No alcanzó a terminar la frase cuando un fuerte golpe lo dejó inconsciente. Gerard miró al hombre con desprecio, se agachó y le quitó los ojos de gato para ponérselos. También tomó el arma y atravesó sigilosamente el pasillo. Pudo ver a Mark despotricando maldiciones, al parecer otro de sus hombres , el que estaba junto a la ventana izquierda, había  caído muerto.

-Vete al infierno maldito bastardo-habló fuerte Gerard y sonrió al ver el sobresalto y terror de su enemigo. Así sin más, disparó.

       Pero el que cayó no fue Mark y todo en aquel momento se hundió en un profundo caos, la sorpresa en ambos hombres fue grande y después de unos breves segundos Mark sonrió malicioso y satisfecho mientras Gerard reflejaba en sus ojos una profunda frustración, el destino parecía regocijarse haciéndole crueles bromas, después de todo parecía que ser malo si daba frutos.




CAPITULO XXII



        Indudablemente el que cayó no fue Mark sino Teresa, quien angustiada por lo que había presenciado secretamente en el pasillo había corrido a auxiliar al hombre que amaba y sin poder avisarle interpuso su cuerpo para protegerlo.

Tanto Mark como Gerard quedaron atónitos y tardaron en reaccionar, pero pronto Mark rió cruelmente y miró a Gerard:

-Parece que el que se va al infierno eres tú-dijo al tiempo que accionaba su arma apuntándolo.

        Pero la pistola de Mark se engatilló y sólo sonó un breve click, este bufó molesto pero apenas tuvo tiempo de reaccionar para protegerse ya que el pelinegro no se había quedado estático a esperar su  muerte, sino todo lo contrario se había lanzado furioso contra Mark decidido a no morir antes de acabar con él y logró asestarle un puñetazo fuerte en el rostro y luego dio otros más que salpicaron de sangre la alfombra; recomponiéndose un poco Mark consiguió defenderse devolviéndole algunos puñetazos, en el forcejeo habían perdido los ojos de gato, así que ahora luchaban a oscuras, ayudados sólo de la breve luz de las patrullas que se colaba por las ventanas. Gerard hinchado de ira parecía inmune al dolor, los golpes que recibía no hacían mella en él porque lo único que deseaba era matar a aquel infeliz, escucharlo gemir de dolor hasta extinguir su existencia. Descargaba una y otra vez golpes contra Mark quien poco a poco perdía sus fuerzas, pero entonces Gerard se distrajo, a pocos metros notó la figura de Tiago y aunque estaba oscuro percibió que estaba desnudo e inconsciente y una nueva oleada de odio lo recorrió de pies a cabeza, pero antes de poder actuar Mark aprovechó su distracción y alcanzó a golpearlo con fuerza en la sien dejándolo aturdido.

-Sí, me lo cogí y fue delicioso-gritó riendo como un maniaco tratando de tomar ventaja.

       Pero esas palabras fueron un aliciente para espabilar a Gerard y tan pronto como había caído se levantó y arremetió de nueva cuenta contra Mark, los dos cayeron al suelo, Gerard impío golpeaba una y otra vez el rostro de Mark quien ya había perdido dos dientes y sangraba a raudales, tenía un ojo tan hinchado que era incapaz de abrirlo pero aun así rio:

-él estará solo porque tú irás preso por esto-gritó fúrico-¡tengo contactos no me conoces! ¡y él será mío MÍO!...

Mark dejó de hablar cuando vio a Gerard sonreír macabramente.

-Y quién te dijo-siseó Gerard con un brillo maquiavélico en los ojos-que te voy a dejar con vida.

Mark ensanchó los ojos y sintió pánico, por primera vez fue consciente de que podría morir, Gerard sacudió los brazos liberándose del agarre de su oponente y volvió a hablar:-tú no pondrás-dijo y le dio un puñetazo-tus malditas manos-otro puñetazo-en Tiago-otro puñetazo-nunca más-otro puñetazo-maldita basura.

Mark, mareado y agotado apenas y ofrecía resistencia y sintió como Gerard le sujetaba con ambas manos el rostro-…no…-logró gemir y vio la satisfacción de Gerard grabada en sus ojos, sabía que lo remataría-¡No!-gritó como si algo le insuflara aliento y empujó a Gerard con fuerza-tú serás quien se vaya al infierno.

        Tomándolo desprevenido Gerard trastabilló y Mark, quitándoselo de encima se arrastró buscando alejarse, a escaso medio metro notó el arma de uno de sus hombres. Sonrió, esa era su oportunidad. Gerard se percató de sus intenciones y ya estaba sobre él, los dos lucharon para hacerse con el arma, finalmente ambos pusieron sus manos sobre ella y midieron fuerzas, el afán de Mark por dispararle a Gerard lo hizo accionar el gatillo sin reparar hacia donde apuntaba el arma disparándose a si mismo, sus ojos desorbitados, se cerraron lentamente y su cuerpo cayó pesado emanando una buena cantidad de sangre.

        Gerard jadeaba fuerte y lo miró, no podía engañarse, se sentía más que satisfecho, el maldito que no paraba de atosigar a su niño, por fin estaba muerto, con ese pensamiento su mente volvió a Tiago y levantándose con premura se acercó al menor, hincándose para verlo mejor notó que de la comisura de su labio corría un hilillo de sangre y que en el estómago tenía una marca enrojecida que amenazaba con amoratarse, Gerard  apretó los puños sintiéndo un nudo en la garganta, se sentía como un fracasado ¡él debía haber impedido eso! Acarició el rostro del chico y pegó su frente a la del menor.

-Tiago-llamó quedamente, le besó la frente y se quitó  su saco para cubrirlo. Estaba en eso cuando el rubio despertó, removiéndose  un poco incómodo.

-Tiago-llamó de nuevo Gerard.

El rubio tembló y se incorporó bruscamente soltando un quejido de dolor.

-Tranquilo-le dijo el mayor.

Los ojos azules se ensancharon enormemente y trató de enfocar su  mirada-¿Gerard….?-dijo dudoso y cuando pudo verlo bien, hincado a su lado, exclamó alto-¡Gerard!-y se abrazó a él llorando descontroladamente.

-Mi Tiago-suspiró el mayor correspondiendo al abrazo-…perdóname.

Tiago contestó con voz quebrada-sabía que vendrías por mi-le dijo separándose un poco-yo sabía-dijo sonriendo.

-Él te hizo…-Gerard apretó la boca sin poder terminar la frase.

Tiago negó sonriendo tiernamente y Gerard soltó el aire que ni él sabía que tenía contenido.

Con movimientos suaves Gerard lo ayudó a colocarse el saco que era lo suficientemente grande para cubrirlo y entonces los policías entraron con violencia.

-¡Interpol, todos quietos!.

Tiago se estremeció y se aferró a Gerard.

-Tranquilo amor-le susurró al oído-no pasa nada.


-¿señor se encuentra bien?-preguntó uno de los policías.

-sí, está todo bien.

-¿y el niño?

Tiago apretó su agarre y ocultó su rostro en el cuello del mayor, no quería que nadie lo viera, sentía vergüenza y algo de miedo.

-él está bien-contestó levantándose cargando al rubio como a un niño, como solía hacer las primeras semanas de haberlo conocido.

-El médico quiere revisarlo-le dijo uno de los oficiales.

-no-murmuró muy bajito Tiago, pero Gerard alcanzó a oírlo y contestó:


-El único que lo toca soy yo-aseguró sonriendo, sentía una dicha indescriptible, era como si hubiera ganado una guerra de años, como si estuviera naciendo de nuevo, definitivamente haber encontrado a Tiago sano y salvo lo había hecho el hombre más feliz de la faz de la Tierra.

     Con la amenaza extinguida,  Gerard y Tiago  por fin estaban tranquilos.  Volvieron a casa exhaustos pero con sus corazones en paz, se bañaron juntos y luego, ya en la cama  se quedaron dormidos abrazados, el uno soñando con el otro, con la certeza de que jamás se separarían otra vez.


Fin.

1 comentario:

  1. que lindo ♥ ♥ ♥ ♥ me encantó, voy por la secuela yipii!!! xD

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