miércoles, 14 de enero de 2015

Un ángel llora 17-18-19-20



CAPITULO XVII


        El rubio miraba la televisión desparramado en el sofá, estaba aburrido y se sentía incómodo con el frac que llevaba puesto, simplemente no estaba acostumbrado. En la habitación estaba Gerard conversando por teléfono con uno de sus abogados. Había llegado el día de la fiesta.

-enderézate-pidió Litz quien organizaba unos papeles en la mesa-vas a arrugar la ropa.

-tsk-el portugués no obedeció-en verdad tengo que ir.

Litz rio-deberías acostumbrarte si vas a ser modelo.

-¡bah cállate!-dijo molesto el rubio, a él no se le daba lo social.

Estuvieron callados un momento hasta que apareció Gerard.

-vámonos-dijo tomando su celular de la mesa-Tiago ven.

El rubio se levantó de mala gana y marchó a la salida.

-qué te dijo-preguntó Litz a su hermano y ambos comenzaron a hablar de mercadeo, intereses, plusvalía y términos que el rubio no conocía.

        Esta vez tenían chofer, así que los tres iban en el asiento trasero, Tiago estaba junto a la ventana y observaba con desgano la ciudad con sus luces encendidas. En uno de los autos que pasaron junto a ellos iban dos niños que sonreían e iban saludando a todo mundo. Vieron a Tiago y gritaron-¡adiós!-agitando sus manitas.


        El rubio sonrió y recordó su niñez cuando el también hacía eso, saludar divertido a todos los desconocidos, así que sacó su mano y también gritó-¡adiós! Los niños rieron alegremente y entusiasmados siguieron agitando sus manitas hasta que sus caminos se separaron.


-¿quiénes son?-preguntó Gerard con seriedad.

El portugués se sobresaltó y miró al pelinegro.-este...no sé-dijo ruborizándose ¿acaso no era un juego infantil común?

El chofer sonrió sin voltear ,se le había hecho tierno, le recordaba a su hijo

-y por qué los saludas-reprendió algo molesto

.Pero…-el rubio no comprendía el drama.

-Es peligroso, no los conoces-secundó Litz.

-Yo…arg, está bien-dijo el rubio y cerró la ventana. Frunció el ceño, Gerard y Litz estaban demasiados “apingüinados” para su gusto, pensó con molestia “esta noche será muy larga.

Por otro lado Mark estaba listo para recibir a sus “invitados de honor”, en especial a un pequeño rubio con cara de ángel.

-señor, estamos listos-dijo uno de sus hombres. Mark dio una calada a su cigarrillo y exhaló el humo-bien, espero la perfección en mis hombres.

El sujeto tragó grueso-por supuesto señor.

A su despacho entró, después de tocar una mujer que cabizbaja le anunció la llegada del cirujano Gerard y Tiago Texeira. Mark sonrió macabramente y se excitó sobremanera.

-que bien, comienza el juego.

       Afuera Gerard y Litz seguían conversando al salir del auto y caminar, Tiago que los seguía contempló lo inmensamente grande que era aquella mansión y el montón de gente que allí había, nervioso tomó la mano de Gerard. Este, al sentirlo lo miró y notó que estaba asustado, miraba la mansión con sus ojos azules abiertos a plenitud y una palidez mayor que la natural en su rostro, apretó suavemente la mano y se detuvo para mirarlo.

-Tranquilo-le dijo en un tono bajo-estás conmigo.

Tiago sonrió adquiriendo un poco de confianza.

Gerard le dio un pequeño beso antes de continuar.

        El salón principal era un hervidero de gente, señores elegantes y mujeres con traje de diseñador se aglomeraban en diferentes puntos, conversando, riendo y bebiendo. Enseguida Tiago sintió un revoltijo en el estómago, definitivamente ese no era su  mundo, miraba hastiado los ademanes exagerados y las sonrisas falsas.

        Rápidamente Gerard fue interceptado por varias personas, pero aun no se habían saludado cuando llegó junto a ellos el anfitrión.

-Bienvenidos a mi humilde morada-dio Mark estrechando su mano y presentándose con un nombre falso-yo soy Stephen.


-es un placer-contestó Gerard.

      Tiago estaba incómodo, aquellos hombres conversaban de cosas que no comprendía, además Litz se había alejado un poco a conversar con unos antiguos compañeros de la universidad que no había visto en años. Después de un rato bostezó.

-Él es Tiago Texeira-lo presentó Gerard-mi pareja.

El portugués no sólo se sobresaltó sino que se sintió perturbado, había creído que tener una relación homosexual podría perjudicar a Gerard pero este parecía no importarle en lo absoluto.

-Oh, es un placer-dijo uno de los hombres estrechándole la mano al menor.

El rubio estaba como un tomate.

-es una belleza-dijo Mark ocultando su ira por las palabras de Gerard-te felicito.

        Aprovechando que Gerard miraba al hombre que le hablaba a su lado, Mark le dedicó una mirada depravada al menor quien aunque estaba distraído la percibió y le devolvió la mirada; Mark esbozó una sonrisa lujuriosa y el rubio desvió la mirada y retrocedió un poco tras Gerard.

-“qué demonios fue eso”-pensó enojado.

        La conversación entre los hombres de negocios se extendió y Tiago decidió caminar un poco pues se sentía tonto ahí parado sin decir nada. Mark le dirigió una mirada cómplice a uno de sus subordinados quien asintió en respuesta.

       Tiago se acercó a la mesa de los bocadillos mirando con mala cara a todos con quienes se cruzaba -Blablabla, blablabla,blablabla-se burló con voz fingida-bola de idiotas. 

       Pero se percató que un mesero estaba cerca de él y lo miraba sorprendido. Tiago se sonrojó al verse descubierto ero el otro solo rió.

-Tranquilo, yo pienso lo mismo-le dijo divertido.

Tiago se rascó la nuca algo más tranquilo-es que no es lo mío.

-Te entiendo perfectamente, yo estoy obligado porque necesito el trabajo.

-Aunque no lo creas yo sé de eso-dijo Tiago animándose al encontrar alguien con quien conversar, aunque sabía que el hombre tenía que seguir  con su trabajo.

-Gustas-le dijo este ofreciéndole uno de los tragos que traía en la bandeja.

-Bueno-contestó encogiéndose en hombros y tomando el cóctel.

-Debo seguir-le dijo el hombre.

-Está bien-contestó el rubio sonriendo-gracias.

       El mesero se alejó haciendo señas a otro sujeto, un pelicastaño que también iba de mesero.
El rubio encontró la bebida dulce y agradable, pero al poco tiempo comenzó a sentirse mareado, uso ambas manos en la mesa para sostenerse, la vista se le había nublado y sentía sus piernas muy pesadas.

-¿Te pasa algo?-le preguntó el mesero pelicastaño cuando llegó a su lado.

Su voz le llegaba lejana al rubio quien no pudo siquiera responder.

-Estás mareado-afirmó el hombre-ven, vamos afuera para que puedas respirar mejor.

         El rubio se dejó llevar, no tenía conciencia de con quien estaba pero tampoco le preocupaba, estaba demasiado mareado.

         Al salir sintió el aire frío golpearle la cara, pero su estado no mejoró, mas por el contrario se sentía cada vez más preso de la oscuridad. El mesero lo guío hasta un auto negro de vidrios polarizados, allí los esperaba Mark quien hace rato que había dejado el salón, este recibió al rubio con una sonrisa de satisfacción.

-Cuanto tiempo, precioso-dijo acariciándole el rostro al menor quien sentado a su lado se dejó abrazar, demasiado ido como para impedirlo.

 El mesero pelicastaño se sentó en el asiento del copiloto, al volante estaba su cómplice.
-Vámonos-le dijo muy bajo y el auto arrancó.

Gerard estaba prestando atención a la conversación que mantenía con aquel magnate cuando Litz se acercó.

-Cómo está, señor Uriel-dijo saludando al que acompañaba a su hermano.

-¿Y Tiago?-preguntó Gerard.

Litz lo miró confundido- estaba contigo.

Gerard se sobresaltó-¿pero no  se había ido contigo?

Litz negó con la cabeza.

-Debe estar por ahí-dijo el hombre sonriendo- sabe como son los jovencitos.

-Esto no me gusta-dijo Gerard ignorando al hombre.

-Tranquilo-dijo Litz-vamos a buscarlo.

Y así iniciaron su búsqueda con la angustia marcando sus pasos 



CAPITULO XVIII


-¡¡Dónde está!!-gritó Gerard furioso golpeando con su puño la pared.

       La servidumbre tembló, estaban siendo retenidos y se les interrogaba pues alguien había visto a uno de los meseros platicando con el rubio. Ya estaba allí la policia lideradas por Helmut quien también lucía fiero pues sentí que le había fallado a su amigo. Él era un hombre que creía en la ley y se sentía orgulloso de proteger al inocente pero desdichadamente en el caso de Texeira había fracasado. También estaban los hombres de la interpol concentrados ahora en rastrear los movimientos del dueño de la imponente mansión.

-Tenemos algo-exclamó uno de ellos.

Y los ojos de Gerard destellaron de ira-dónde lo tienen.

       Mientras, el auto negro estacionaba en una finca privada, Mark llevaba al rubio en su regazo, le acariciaba el rostro, los labios, el cabello, lo miraba fascinadoy satisfecho, era la mejor inversión que había hecho en años. Bajó del auto rechazando la ayuda que le ofrecían sus lacayos, él mismo llevó en brazos a su linda adquisición. Las sirvientas lo saludaron respetuosamente mientras él seguía de largo directo a las habitaciones, pero no a la que solía llevar a sus víctimas sino  a la principal, una habitación amplía y lujosa, con una gentileza inusual depósito al jovencito en la cómoda cama y lo contempló un rato más, pero los minutos pasaban y el chico no despertaba.

-¡Maldita sea!-exclamó molesto Mark-se les pasó la mano a esos imbéciles.

       Se sentía furioso, quería contemplar ya esas cuencas azules, escuchar su voz, aunque sabía que lo rechazaría eso lo excitaba y estaba seguro que con sus mañas lo haría sumiso. Encendió un cigarrillo y le dio una honda calada, sus ojos estaban fijos en la frágil figura que dormía aparentemente tranquilo, se acercó y le sacó los zapatos y las medias, también le quitó la corbata y el cinturón, mientras lo hacía se complacía manoseándolo, pero su miembro se erguía dolorosamente y el chico seguía dormido.

-¡Maldita sea!-volvió a gritar y se acercó a la ventana recargándose del alfeizar.

En otro lado de la ciudad Gerard rugía con desespero-¡Cuál!¡Cuál de ellos-preguntaba totalmente alterado.

Y es que la interpol había detectado tres posibles lugares donde podían estar reteniendo al rubio.

-Hermano cálmate-pidió Litz afligido-lo encontraremos.

Litz guarda silencio-sabía que mientras más tiempo pasara, más oportunidad tendría aquel pervertido para violarlo.

       Ya eran las dos de la madrugada, el cielo mostraba una enorme y clara luna, todo el pisaje reflejaba tranquilidad, pero en medio de esa pacifica imagen todo era un caos. Se dividieron en tres grupos dirigidos todos por Helmut.

       Mientras Mark se servía un coñac y se sentaba en un cómodo sillón esperando que su nuevo capricho despertara, sorbió un poco de su bebida  y sonrió burlándose de sí mismo, si fuese otro ya lo habría sacudido violentamente para despertarlo, pero ese niño se veía tan delicado que deseaba ser gentil. Recordó aquella tarde cuando se lo ofrecieron, ya otros habían ofrecido  grandes cantidades por él y quién no, el chico poseía una belleza inusual digna de pagarse en oro y así lo hizo, superó cualquier oferta  pagando una cantidad exorbitante, pero luego el chiquillo había desaparecido, había sentido ira y lo había buscado por cielo y tierra hasta que finalmente lo halló, pero junto a ese medicucho de quinta que le había quitado lo que le pertenecía, desde ese entonces había planeado el secuestro.

       El portugués comenzó a moverse ligeramente y Mark dejó su vaso a un lado, poco a poco comenzó a despertarse, sus grandes ojos azules lucían desenfocados clara muestra de que seguía desorientado, intentó sentarse pero le estaba costando mucho y sintió unos fuertes brazos que lo ayudaron, creyó que era Gerard hasta que escuchó la voz:

-Por fin despiertas, dulzura.

Ensanchó enormemente los ojos y alzó el rostro para mirar a aquel extraño sin percibir como, con tan sólo ese gesto, excitaba terriblemente a ese hombre.

-por…-se sentía aturdido, reconocía a ese hombre como el anfitrión de la fiesta, así que pensó que seguía en aquella mansión y que Gerard estaba cerca-qué pasó…

El hombre sonrió-“que lindo”-nada, te traje  a donde perteneces.

Tiago frunció el ceño e ignoró sus palabras-¿y Gerard?-preguntó tratando de alejarse un poco de ese tipo.

Mark esbozó una mueca de desagrado- el  ya no existe, yo soy tu realidad-le dijo fríamente y tomándole el rostro lo besó.

       El rubio ensanchó los ojos, estaba impactado pero aun así reaccionó y lo empujó con fuerza, más esto no surtió efecto, al contrario sólo sirvió para que Mark le atrapara la cintura cintura con un brazo pegándolo más a él y con la otra mano le sujetara el rostro con fuerza para afianzar más el beso, un beso rudo, lujurioso y violento, el hombre había entrado en la boca del chico y la exploraba a placer, estaba extasiado con los labios tan suaves y dulces hasta que sintió que el chico lo mordía con fuerza. Se separó de él y lo miró mientras se relamía la sangre de la comisura de sus labios, los ojos de Tiago refulgían de ira pero se descolocó al ver como aquel tipo comenzaba a carcajearse.

-Eres una adorable fiera-exclamó divertido mientras echaba todo su peso sobre el joven quien por más que lo intentó no pudo evitar quedar acostado y con Mark sobre él, el hombre pesaba mucho-tú eres mío y eso te lo voy a dejar muy claro-le susurró en el oído vanagloriándose de sentir el temblor del pequeño.

       En otro lado de la ciudad, Gerard tenía los ojos inyectados de odio, en su mente sólo había un objetivo: encontrar a Tiago y matar con sus propias manos al infeliz que se lo llevó, quienes iban con él le hablaban pero él no los escuchaba, no le interesaba el plan, no le interesaba su propia vida, lo único que tenía significado para él era rescatar a su ángel, al lindo niño que le daba sentido a su vida-yo te salvaré mi niño, yo te salvaré-murmuró para si mismo.



CAPÍTULO XIX



       El sedante que le habían echado en la bebida había sido tan fuerte que aún estaba embotado. Tiago trataba de quitarse a ese hombre de encima golpeándolo con su brazo izquierdo pues el derecho lo tenía atrapado bajo el cuerpo de aquel infeliz, se revolvía cuanto podía pero Mark lo besaba a placer, dejó los labios del menor para hundir su rostro en su cuello y aspirar un aroma que se le antojaba delicioso, el rubio apretó la boca y cerró los ojos con asco al sentir la lengua húmeda sobre su cuello y no pudo evitar gimotear desesperado cuando Mark lo mordisqueo y besó.

 -Tranquilo-le susurró aquel monstruo-seré gentil. -Déjame en paz-gruñó el portugués empujándolo con ira.

       Mark sólo sonrió -esperé tanto por ti-exclamó ignorando las palabras del menor e irguiéndose un poco le rasgó la camisa. Tiago intentó detenerlo sujetándole las manos pero su lucha era imperceptible para su agresor. Tiago había mirado a sus costados con la esperanza de hallar algún objeto contundente con que golpearlo pero estaba todo fuera de su alcance, vio con angustia como el hombre se inclinaba con el fin de atrapar con su boca su rosada tetilla e hizo un esfuerzo por apartarse, cuando se escuchó un fuerte estruendo.

       Mark se incorporó de un salto tomando la pistola que tenía en la cómoda, era un hombre con muchos enemigos así que sus reflejos eran muy buenos.

        Los ojos de Gerard destilaban odio, cerró su puño conteniendo toda la ira que sentía-¡Bastardo!-gritó furioso descargando un puñetazo en la pared que pareció sacudir los cimientos. Quienes lo acompañaban no daban crédito a lo que veían, estaban en una bodega aparentemente abandonada, la pista había sido falsa, lo que quería decir que Mark había planeado todo con mucha frialdad y detenimiento, había cuidado cada detalle así que el tiempo se acababa y también las posibilidades de encontrar al rubio.

-Mierda Teresa-exclamó  al ver a su sirvienta en la puerta de la alcoba y la bandeja de plata en el suelo apenas había podido evitar dispararle. Aun perplejo por la interrupción vio al rubio correr y salir de la habitación a toda prisa, para el chico esa oportunidad era un milagro y lo aprovecharía.
 -Maldición-exclamó furioso yendo tras él.

        Tiago encontró las escaleras y bajó lo más rápido que pudo el mayordomo se quedó estático cuando lo vio pasar pero el rubio no se detenía ante nada su objetivo era la puerta principal y pronto la encontró pasó como un rayo sorprendiendo a los dos guardias que se apostaban en ella.

-Atrápenlo-ordenó fríamente Mark desde el piso superior.

El mayordomo asustado corrió hasta la puerta y gritó-atrápenlo el señor está enfadado.

       Uno de los hombres salió tras el chico sintiéndose como un tonto por tardar tanto en reaccionar. El rubio sabía que lo seguían estaba tan nervioso que sentía que su corazón estallaría en su pecho miró un espacio lleno de árboles y arbustos y se esforzó por  llegar allí, así por lo menos tendría donde ocultarse.

        Teresa aún estaba de pie en shock ella era una joven muda que había conseguido trabajo de sirvienta gracias a su madrina desde que entró a trabajar allí hace 15 años la habían puesto al tanto de las actividades de su señor. De hecho frecuentemente el señor Mark traía a sus víctimas a la finca siempre eran jóvenes atractivos algunos hasta altaneros pues creían haberse sacado la lotería sin saber que serían diversión de una sola noche y no verían el amanecer pues su señor tenía por costumbre desecharlos después de beneficiárselos.

        A ella se le hacía gracioso y satisfactorio pues sólo así lograba aplacar sus celos, pues estaba perdidamente enamorada del señor Mark aunque sabía que él jamás le correspondería ni la tomaría siquiera en cuenta. Hace meses se había enterado que su señor estaba encaprichado con un niñato y se murmuraba en la finca que ese capricho se había tornado obsesión pero ella no lo creyó...pero ahora...su señor jamás  había metido a sus juguetes en su habitación, la habitación principal era privada era su lugar de descanso pero ahora...había metido a ese rubio allí lo que significaba...-no-pensó angustiada sacudiendo su cabeza y reaccionando recogió la bandeja y salió de la habitación en el pasillo se topó con Mark que venía de regreso con lenguajes a señas trató de disculparse pero él la ignoró y siguió de largo para volver a su alcoba la voz de uno de sus sirvientes lo detuvo este le entregó un teléfono y le informó que era una llamada urgente apoyándose en la pared contestó. Una lágrima rodó por la mejilla de la chica quien cabizbaja se marchó a la cocina.
Tiago logró llegar a la espesura de la vegetación pero no ocultarse, el hombre lo tomó del brazo y con la fuerza de la carrera los dos cayeron al suelo el portugués se revolvió y lo mordió con fuerza

-¡Arg!-gritó el hombre- pero que fiera.

 Momentáneamente libre Tiago se incorporó pero su agresor también tratando de atraparlo el rubio negándose a rendirse forcejeó con el hombre que comenzaba a exasperarse.

- Quédate quieto- espetó enojado -es peor para ti si luchas no ves que no tienes escapatoria.

-¡No!¡ Suéltame, déjame!- gritaba frenético mientras se retorcía furiosamente.

-¡Carajo!- exclamó el hombre frustrado no quería lastimarlo pero el chico tampoco colaboraba, sin más remedio optó por colocarse de espaldas al rubio y pegarlo a él sosteniéndolo fuerte de la cintura y luego taparle la boca y la nariz con su mano bloqueándole el oxígeno.

      El rubio trató desesperadamente de zafarse sin lograrlo al minuto la falta de aire hizo mella en él y se sintió mareado casi al punto del desmayo, entonces el hombre lo tomó en brazos y se encaminó de regreso a la casa pero Tiago aún no estaba vencido había logrado algo.



CAPÍTULO XX



       Mark reía de buena gana, le estaban reportando que la policía había caído redondita en sus trampas, le maravillaba saberse victorioso y que Gerard sufría y jamás volvería a ver al rubio, un rubio hermoso que ahora le pertenecía.

         Mientras el guarda apostado en la puerta reía burlón- casi te vence un niñito ya estás viejo- le dijo a su compañero.

        El otro sólo gruñó y entró mientras subía las escaleras miró al portugués quien jadeaba intensamente tratando de recuperar el aliento su expresión de angustia traspasaba el alma- Lo siento- murmuró sinceramente el hombre.

        Al llegar a la planta alta su mirada se topó con la de su señor , Mark hizo una mueca y el hombre negó indicando que no le había hecho daño al menor. Mark relajó su mirada y le hizo un ademán para que lo llevara a la habitación. El hombre asintió y así lo hizo dejó al chico en la cama y salió para volver a su puesto.

       Tiago se levantó y se metió en el baño lamentablemente este no tenía seguro así que debía estar alerta hurgó en su bolsillo y sacó un celular se lo había quitado al guardia en el forcejeo sin que este se diera cuenta,  el rubio sonrió esperanzado. Marcó el número de Gerard después de la experiencia con Costanza lo había memorizado.

 Gerard sin conocer el número atendió de mala gana -qué.

-Gerard ayúdame- dijo el rubio al instante.

 El mayor ensanchó ojos sintiendo como su corazón daba un vuelco- dónde estás, estás bien.
Todos miraron a Gerard exaltados.

- es él- preguntó un oficial.

- sí-contestó el rubio- no sé, parece una finca es un sitio campestre de lujo-contestó el rubio mientras miraba nervioso la puerta de la habitación –ayúdame por favor.

-Campestre de lujo- repitió  Gerard.

Los otros enseguida comenzaron a buscar las zonas campestres de clase alta.

-Tiago yo iré por ti, no te preocupes-le dijo el pelinegro sintiendo un nudo en la garganta.

-Ggerard yo...- Tiago escuchó el cerrojo y cerró la puerta del baño- tengo que colgar ahí viene -exclamó asustado.

-Tiago- la angustia de Gerard se sentía en su voz, se veía en sus ojos- resiste mi niño yo iré por ti.
El rubio no respondió, botó el celular en la papelera y volteó pues aquel hombre abría la puerta del baño.

-Así que aquí estás- le dijo sonriendo malicioso.

-¡Tiago!...-Gerard apretó los dientes-¡¿ en dónde está?!- gritó tomando por la solapa al oficial de más alto rango.

- Estamos buscando...

-¡Estúpidos incompetentes!- gritó furioso.

 Nadie replicó el sufrimiento de Gerard era muy grande.

- Ya está gritó uno de los agentes- en villa Paradaise, está muy cerca.
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Ven acá- dijo Mark tomando la mano del menor y guiándolo a la cama.

Tiago arrastraba los pies asustado.

         Mark se sentó al borde de la cama con las piernas abiertas y acercó al rubio hacia si en medio de ellas,  abrazándolo por la cintura -Yo no acostumbro a ser condescendiente pero tu carita conmueve a cualquiera.

 El rubio desvió la mirada.

 Mark le acarició la mejilla- yo puedo tomarte aquí y ahora, por la fuerza tú lo sabes.

El rubio se tensó.

-Pero me gustaría más si cooperas, así que te tengo un trato.

 Los ojos azules se clavaron en los de su agresor.

- Hmm veo que te interesa.

 El rubio asintió él jamás aceptaría tener sexo con ese tipo pero quizás podría ganar algo de tiempo.
Bien -dijo Mark sonriendo al tiempo que le acomodaba el flequillo rubio al menor -tú me pides lo que quieras cualquier cosa que desees no importa cuánto  valga y yo lo hago tuyo y tú bueno, eres más complaciente.

Tiago bajó la cara analizando la situación, las manos del hombre sobre su cintura le incomodaba sobremanera, el trato le parecía conveniente.

-Qué dices- preguntó Mark.

-Pero si primero me das lo que quiero- dijo sin mirarlo.

Mark sonrió, era el chico más dulce que había visto y muy inocente le era claro el objetivo del menor pero eso no tenía caso- qué quieres.

 Tiago lo pensó un poco debía ser algo difícil de conseguir, algo que le diera tiempo  y que ese hombre no pudiera tener allí, así que no podrían ser joyas, pieles, entonces se le ocurrió algo-yo...quiero un telescopio MKJ-2534.

 Mark parpadeó asombrado jamás se imaginó que pediría algo así- bien será tuyo dijo levantándose y apretujando al menor contra si tomándolo de la nuca se inclinó para alcanzar sus labios.

- Espera- dijo el chico poniéndole sus manos en el pecho tratando de detenerlo -primero dame el telescopio.

-Oh mi lindo, claro que lo tendrás pero no me pidas que espere exclamó y unió sus labios a los del menor.

 El rubio se retorció nervioso la lengua del mayor irrumpió en su boca recorriendo cada rincón a placer sentía la mano en la nuca como una tenaza y la otra recorriendo su espalda y deteniéndose en sus nalgas apretujándolas con fuerza. Al romper el beso Mark le lamió los labios.

-No...tú dijiste...-murmuró el rubio dejando escapar un par de lágrimas.

- Que te daría el telescopio- interrumpió el mayor besándole las mejillas y sorbiendo las lágrimas saladas- y te lo daré, eso y más, todo cuanto quieras- levantándolo lo recostó sobre la cama

- no así no...-el rubio estaba desesperado, su truco había fallado.

- Oh vamos dulzura exclamó Mark sujetándole el rostro para besarlo nuevamente, sus labios le eran ya adictivos- te daré la vida de un  príncipe -prometió e iba enserio pues ya había decidido quedarse con el rubio, su piel suave sus labios su mirada inocente era algo que disfrutaba demasiado. Bajó dejando pequeños besos en el cuello y pecho pero el rubio seguía resistiéndose. De un tirón Mark le quitó del todo la camisa y rasgándola le ató las manos a la cabecera de la cama. El portugués había hecho un gran esfuerzo por evitarlo mas fue vencido.

-No basta- aulló desesperado.

Prometo que te va a gustar- le susurró al oído para después mordérselo suavemente-Déjame me das asco -gritó el menor tratando en vano de soltarse.

       Mark soltó una risita divertida y pasó a besuquearle el cuello donde succionó con fuerza para dejarle un chupó Tiago giró el rostro asqueado. Aquel hombre bajaba dejando un camino de besos atrapando con su boca una tetilla succionándola y lamiéndola a placer mientras pellizcaba y masajeaba la otra con la mano.

-¡Arg!- clamó apabullado el menor, se sentía horrible totalmente desesperante.

Mark continuó marcando el abdomen con besos lujuriosos mientras sus manos acariciaban cada palmo de piel sintiendo un placer indescriptible. Al llegar al ombligo metió su lengua y lamió-delicioso- susurró embelesado. Con sus manos comenzó a desabrocharle el pantalón.

-No...-gimoteó el rubio rompiendo a llorar y revolviéndose desesperado.

       Pero su agresor estaba disfrutando demasiado para prestar atención a su lucha cuando le sacó los pantalones el rubio intentó patearlo pero Mark le sostuvo las piernas y las acarició estremeciéndose al contacto de una piel tan suave, se inclinó y recorrió con su lengua toda la extensión de la liga del boxer y con sus dientes los bajó un poco.

Tiago temblaba de miedo -basta basta- lloraba desconsoladamente.

       Mark le quitó los boxer y el rubio quedó totalmente desnudo ante él, Mark le abrió las piernas y se situó en medio de ellas contemplando la figura esbelta del rubio que temblaba como una hoja y trataba inútilmente de cerrar las piernas.

-Eres el chico más lindo que he visto en mi vida- murmuró con la voz ronca de lujuria.


        Sus ojos se paseaban por el rostro del menor sus ojos hermosos aun entre lágrimas su cuello su pecho algo enrojecido por la reciente tortura su abdomen su miembro que aun flácido se le antojaba hermoso y sus piernas suaves que sus manos no habían dejado de acariciar. El rubio lloraba ya sin tapujos estaba vencido y se sentía terriblemente solo.

2 comentarios:

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  2. Leí esta parte ayer pero comento hoy xD...estuvo de infarto, creí que le robarían la inocencia al pequeño Tiago...esperen, eso ya lo hizo Gerard xP jejeje me ha encantado, Gerard es mi héroe

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