viernes, 16 de enero de 2015

Un ángel llora 16




CAPITULO XVI



         Se había aflojado la corbata y desabotonado los primeros botones de su camisa mientras parecía observar su vaso vacío, pero lo cierto es que su mente divagaba entre maldiciones contra Josep y sentimientos de culpa para con Tiago. Se levantó para arreglar las cosas con su rubio, tocó la puerta y esperó unos minutos.


-qué quieres-dijo el rubio al abrir esquivando su mirada, traía su toalla sobre su hombro.

-yo...no llores, puedes trabajar si quieres-le dijo apartándole los flequillos rubios de la faz. El rubio ensanchó los ojos mas enseguida frunció el ceño-oh gracias, que generoso exclamó con ironía y salió rumbo al baño, pensaba darse una ducha.

Gerard vio como se alejaba y disgustado fue tras él-¡Tiago!-llamó antes de que este cerrara la puerta y entró tras él.

-Qué coño quieres, me voy a bañar-dijo molesto.

-Eso pregunto yo, qué quieres, te prohíbo trabajar y te molestas, te dejo hacerlo y te molestas-gruñó enojado.

-Ese es el detalle, me prohíbes o me das permiso-gritó con sus ojos enrojecidos-es que soy tu mascota o qué!¡no me respetas porque eres como todos, me crees un objeto!

-Pero de qué hablas-dijo Gerard descolocado.

-Nada, vete, me quiero bañar-murmuró dándole la espalda sin poder contener las lágrimas.

Estaba desabotonándose la camisa de forma autómata dando por hecho que el otro se iría.

Gerard lo abrazó por la espalda y le susurró al oído-perdóname...estoy celoso.

Tiago se revolvió queriendo zafarse pero Gerard no lo soltaba. -Déjame-murmuró con enojo.

Gerard lo giró para quedar frente a frente y apretó más su abrazo besándole la cabeza-tengo miedo de perderte, quisiera tenerte siempre bajo mi protección...no darte oportunidad de que me olvides, porque ya no sé cómo seguir sin ti.

Tiago se había quedado quieto procesando lo que había escuchado-no hay forma de que eso pase...yo te amo-susurró escondiendo su rostro en el pecho del mayor.

Gerard se separó un poco de él y le sostuvo la barbilla para que lo mirara-yo jamás te subestimaría, sácate esas ideas locas que invaden tu cabecita, tu eres el niño más inteligente que he conocido.

Tiago bufó molesto-no me digas niño, ya hasta me tratas como si fuera tu hijo.

Gerard rio de buena gana.

-Ya salte-dijo el menor empujándolo.

-Pero por qué-contestó Gerard sacándose la corbata y la camisa-yo también quiero bañarme.

Tiago se sonrojó-déjate de tonterías salte.

-Está bien, pero sólo si me das un beso.

       El portugués se rascó la nuca un tanto nervioso y se acercó, poniendo sus manos sobre el pecho del mayor lo miró pidiéndole tácitamente que se inclinara para alcanzar sus labios.

       Al principio fue sólo un roce, la calidez del suave beso hizo que este se intensificara, las manos del rubio subieron asiéndose del cuello del mayor mientras que las manos de este rodeaban su fina cintura. Las lenguas se reconocían y danzaban juntas. Gerard lo alzó y aprovechando la turbación del menor lo llevó a la bañera, cuando Gerard lo puso en el suelo se separaron mirándose suavemente.

-...bien...ya...-el rubio sentía su corazón latir con fuerza pero pronto se dio cuenta de la situación-oye tú...

Gerard sonrió de medio lado y abrió la regadera.

-¡Arg bruto!-exclamó el rubio tratando de apartarse pero encontrándose con Gerard como una pared que le bloqueaba el paso consiguiendo sólo presionarse contra él.

-No hagas eso que no podré controlarme-dijo Gerard acariciándole la espalda-mira que sólo quería bañarme-agregó con picardía.

-Eres un mentiroso-reclamó Tiago sacudiendo la cabeza para deshacerse un poco del agua.

        Gerard atrapó sus labios en un nuevo beso sacándole de paso toda la camisa, bajó al cuello donde pasó su lengua, mordisqueó suavemente y luego dejó pequeños besos Tiago tenía los ojos cerrados y jadeaba intensamente mientras enredaba sus dedos en el cabello del mayor sintiendo una oleada de excitación, la mano izquierda de Gerard buscó una de las rosadas tetillas y comenzó a apretarla y pellizcarla mientras su otra mano se colaba entre el pantalón y apretaba un glúteo. El rubio se mordió el labio intentando sosegar sus gemidos.

-No te contengas-le susurró Gerard lamiéndole los labios-me excita oírte.

        Tiago lo miró, sus ojos estaban nublados de deseo, el chico le acarició el rostro a Gerard y vio como este se hincaba y comenzaba a besarle el pecho para luego atrapar un dulce pezón con su boca y succionar con ansia. El rubio cerró los ojos y gimió con fuerza. Gerard siguió su camino de besos y se detuvo en el ombligo donde metió su lengua y simuló pequeñas penetraciones. Finalmente bajó los pantalones y bóxer al chico sacándoselos del todo y contempló satisfecho el miembro erguido. Se acercó y pasó muy suavemente su lengua sintiendo como el chico se estremecía y se alejó, escuchó al chico gruñir con enojo y sonrió, volvió a lamer y se retiró.-¡Gerard!-protestó el rubio con la voz ronca de deseo.

        El pelinegro amplió su sonrisa y se lo metió a la boca, él también estaba al borde. Succionó y lamió con avidez, el rubio lo ayudó moviendo sus caderas sintiendo que las piernas le flaqueaban. Gerard chupó con más fuerza y sintió que el rubio se estremecía y se derramaba en su boca. Se levantó relamiéndose los labios, lo besó con lujuria, un beso furioso y pasional, tomándolo por los muslos lo levantó obligándolo a rodear así sus caderas y sin que el chico lo advirtiera le metió un dedo. Tiago se quejó pero sabiendo ya de que se trataba sólo se aferró al mayor y se dejó hacer. Gerard metió el segundo y Tiago le besó el cuello mientras sentía los besos del mayor en su oreja, cuando sintió que entraba el tercero se mordió el labio.

        Al cabo de unos minutos Gerard sacó los dedos y se dispuso a penetrarlo muy lentamente, besándolo suavemente.

-Arg ya va-pidió Tiago sintiendo un agudo dolor, le era muy difícil acostumbrarse al miembro de Gerard.

-Lo sé-contestó este mordisqueándole el hombro y besándole el cuello.

        Luego de un minuto comenzó a moverse en un vaivén de tortura deliciosa, los besos fueron haciéndose más intensos y las envestidas más salvajes. Tiago gemía con fuerza sintiendo como entraba y salía de él profundamente causándole un calor sofocante. Gerard estaba fuera de sí, adorando la estrechez del rubio que apretujaba su miembro deliciosamente. Al poco tiempo Tiago se corrió en sus vientres y Gerard segundos después luego de unas estocadas más. Respirando descontroladamente se tomaron unos segundos para recuperarse, entonces Gerard salió del rubio con mucho cuidado y ante el quejido de este lo besó con ternura.

       Se bañaron entonces en silencio, compartiendo la intimidad con fascinación mutua.

       Ya vestidos y listos para cenar Gerard escuchó los mensajes de la contestadora. Uno era de su secretaria que le recordaba una cita importante del día siguiente y también para comunicarle la invitación a una fiesta de posibles accionistas.

       El otro decía: señor, soy Elsa, espero que usted y el niño Tiago se encuentren bien, le llamó para informarle una cosa que me pareció muy curiosa, se acuerda de las llaves que había perdido el seños Litz, pues fíjese que las vine a encontrar en el conejito de mi niño Tiago, lo iba a lavar y allí estaban, puede creerlo. Bien llame para avisarle. Hasta luego.

Gerard miró con asombro al rubio quien estaba cerca de él y sólo alcanzó a encogerse en hombros y forzar una sonrisa-es que en ese entonces...-trató de justificarse torpemente, ya había olvidado completamente esas llaves.


Gerard rompió en carcajadas-eres un demonio-exclamó divertido.

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