domingo, 18 de enero de 2015

Un ángel llora 13-14-15




Capítulo XIII


          Tiago había descartado todos los empleos que ofrecían en el periódico pues todos exigían tener la secundaria aprobada. Molesto tomó el libro que le había regalado Gerard y se lanzó en el sofá para leerlo y distraerse, poco a poco se quedó dormido sin advertir lo que la mujer pelinegra de al lado estaba tramando.

-Vamos Costanza, es sólo un mocoso, tú puedes con él-se daba ánimos tratando de pensar en una estrategia mientras fumaba su segundo cigarrillo-¡ya sé!-exclamó al tener una idea.

        El plan era sencillo, su objetivo era partirle el corazón al mocoso para que este se largara sólo y antes de que regresara Gerard, para eso sólo necesitaba convencerlo de que era la novia de Gerard y de que este sólo jugaba con él. Para eso bajó hasta el área de seguridad del edificio para tomar la llave maestra, sabía que le sería fácil pues había tenido un affair con el jefe de seguridad hace poco y podría engañarlo fácilmente. Así lo hizo. Completada esa fase del plan subió hasta su departamento y buscó un llavero donde tenía una foto de ella con Gerard. Qué si estaba loca le habían preguntado alguna vez. Pues sí, en el amor la locura debe ser un hábito según su concepto.


        Fue entonces hasta el departamento de Gerard y entró, buscó curiosa al chico mientras se adentraba y entonces lo vio, un chico rubio con rostro de ángel, dormido y destilando un aura de inocencia. Se mordió el labio con ira, en verdad era hermoso y tenía un piel blanca aporcelanada envidiable, ella que procuraba evitar el sol a toda costa no conseguía un tono tan delicado. Lo odiaba, en verdad odiaba a ese mocoso. Suspiró para tranquilizarse, miró a su alrededor y tomó un florero, retiró las flores y le echó el agua en la cara al menor.

-Pero…qué-dijo el chico sentándose de golpe.

-No te dijo Gerard que no les gusta que sus putos se queden después de una noche-le dijo hiriente la mujer.

Tiago se levantó y miró a la mujer de elevada estatura que lo miraba desafiente “mierda, pero es que aquí todos son unos gigantes”, pensó frustrado ante la diferencia de tamaños y es que en Portugal él siempre era el más bajito pero la diferencia nunca era tanta.

-Te estoy hablando, mocoso

Tiago la encaró-cómo entraste-le preguntó enojado limpiándose la cara.

Ella enarcó las cejas como si la pregunta fuese absurda-con la llave, estúpido-le dijo mostrándole el manojo-yo soy la prometida de Gerard.

-deja de decir estupideces-dijo él intentando apartarse aunque un poco confundido, no entendía cómo es que esa mujer tenía la llave.

-¿estupideces?-dijo ella tomándolo del brazo y mostrándole la foto-yo me casaré con él y no me gusta encontrarme con sus putos.

-cállate-contestó zafándose de su agarre-no eres más que una mentirosa-replicó dudando ya de sus palabras.

-No pongas esa cara de inocente-dijo ella poniendo sus manos en sus caderas-qué, me vas a decir como todos sus putos, que él te dijo que te amaba y todas esas gilipolleses, yo no sé cómo pueden ser así-dijo mirándolo despectivamente-por qué no conservan un poco de dignidad y admiten que se acuestan con él por dinero.

Tiago sentía una opresión en el pecho, no quería creerle, pero no podía explicarse cómo tenía la llave, cómo tenía una foto y cómo hablaba con tanta seguridad-¡a mí no me interesa el dinero de nadie y no te creo nada puta vieja!

Ella ensanchó los ojos, ¿le había llamado puta vieja!-¡Maldito mocoso!¡deja de fingir puto barato, resbaloso!¿Quieres pruebas, ah? Llamémoslo entonces-exclamó furiosa sacando su celular.

Tiago la miró incrédulo,¡¿lo llamaría, llamaría a Gerard?!...entonces era verdad…Gerard lo había engañado…

-Mira, está repicando-le dijo mostrándole la pantalla del celular donde se podía ver “Gerard, llamando”

       Los ojos azules se cristalizaron sintiendo como su corazón era perforado por un frío puñal, había hecho un esfuerzo para no creerle, pero no sólo le hablaba con seguridad y le mostraba pruebas, sino también estaba dispuesta a hablar con Gerard; se sentía confundido, qué debía hacer, aferrarse a una idea y esperar a que el mismo Gerard lo bajara de la nube, la sonrisa de triunfo de la mujer se le hacía repugnante, sacudió la cabeza, no le daría el gusto de verlo llorar.

-Tú y él…-dijo aparentando indiferencia-…se pueden ir a la mierda.

Ella iba a replicar pero el rubio se giró y salió de allí sin mirar atrás. La pelinegra al quedarse sola gritó de alegría dando saltitos como niña pequeña.

-esto te enseñará, pequeña sabandija-exclamó eufórica y escuchó una voz que le decía “aló”; recomponiéndose contestó el teléfono-Hola Gerard.

-Qué quieres-contestó el hombre.

-Nada, saludarte, cómo estás.

-Bien-dijo el descolocado.

-Ah, que bueno, adiós-y colgó.

-Loca-murmuró el otro.

        Costanza sonrió ampliamente vanagloriándose de su actuación ya que ese Gerard no era su amado médico, sino un amigo fotógrafo del mismo nombre. Satisfecha miró a su alrededor para cerrar con broche de oro su plan, entonces tomó un reloj de oro que estaba en una cenefa, con esto podría rematar acusando al rubio de ladrón y así Gerard lo odiaría. El rubio no pudo aguantar más, no más al salir rompió en llanto y no se percató que Josep abría su puerta y lo veía pasar.

-¡Niño!-llamó tomándolo del brazo.

El rubio sólo tiró de su brazo intentando zafarse sin mirarlo pues el llanto convulsionado le impedía hablar.

-Qué te pasa-preguntó preocupado y tirando de él lo metió en su departamento-ven, siéntate.

-de…déjame-consiguió murmurar aún sin darle la cara.

-¡Dios!-exclamó el otro rascándose la barbilla preocupado-de pronto una idea se le vino a la cabeza-¿fue Costanza?-preguntó y notó como el chico se tensaba, así supo que había dado en el clavo-Mira niño, yo no sé qué te dijo esa mujer, pero te doy un consejo, no le creas nada.

        El rubio ensanchó los ojos esperanzado y limpiándose la cara con la manga de su pijama se giró levemente para mirar al hombre-por qué…por qué dices eso.

        Josep sonrió, ese rostro era perfecto, aun con los ojitos azules enrojecidos y esa expresión de tristeza se veía muy hermoso, era justo lo que necesitaba-porque la conozco y sé que es mentirosa, manipuladora y no tiene escrúpulos.

        El rubio permaneció en silencio, así que el otro continuó-Dime qué te hizo-preguntó mirándolo fijamente.

        El rubio dudó un momento, pero pronto se animó-ella…ella dice que es la prometida de Gerard-dijo ruborizándose.

 Josep enarcó las cejas-y por qué le creíste, hace un rato la mandaste a freír espárragos.

-Sí, pero…ella entró al departamento con su propia llave y…tiene un foto donde está con él…además le estaba repicando a su teléfono.

-Cielos-dijo el otro poniendo su mano bajo su barbilla en pose de pensador-y qué dijo Gerard.

-No sé-dijo encogiéndose en hombros-no quise escuchar.

        Josep sonrió y negó con la cabeza-pues hiciste mal-dijo yendo al sofá e invitándolo con un ademán a hacer lo mismo-porque entonces cómo puedes saber que era Gerard a quien llamaba.
El rubio lo siguió y se sentó a su lado, a pesar de ser un desconocido el portugués sentía confianza.

-Pero ella me mostró su celular y tenía el nombre de Gerard-dijo un poco inseguro.

-¿y era el número de él?-preguntó Josep.

-Pues..no sé, no sé su número.

-ah, pues entonces estoy seguro que ese Gerard no era tú Gerard-dijo viendo con ternura como el chico se sonrojaba-es más estoy seguro que debió ser Gerard Helsink, un colega que trabajó con ella.
El rubio lo miró sorprendido-¿enserio?

Josep asintió-además lo de la foto no significa nada, a menos que salgan besándose ¿es así?

El rubio negó con la cabeza.

-Lo ves, esa foto debe ser de las que se tomaron hace años cuando ella fue imagen de la clínica.

El rubio frunció el ceño confundido.

-Ella es modelo, bueno fue, ya tiene treinta y cinco y no es cotizada y bueno, lo de la llave sabrá Dios como le hizo, pero estoy seguro de que no fue Gerard quien se la dio, podría hasta asegurar que se la robó.

-¡esa puta!-murmuró rabioso el rubio, había dudado de Gerard por culpa de una golfa barata-me las va a pagar-exclamó levantándose dispuesto a encararla.

-Espera-dijo Josep sujetándole el brazo-tengo una idea mejor.

Tiago lo miró curioso.

-Déjala que disfrute, que se infle como un globo-dijo divertido-y tú y yo nos encargamos de que pase la vergüenza más grande de su vida; verás que valdrá la pena.


Capitulo XIV


        Habían estado planificando la mejor forma de desenmascarar a Constanza para que esta fuera el hazme reír frente a Gerard.   El sólo hecho de haberle abierto los ojos respecto a Constanza hizo que el rubio le tuviera completa confianza a Josep. Ahora tomaban café, la bebida preferida del rubio y conversaban amenamente sobre sus países ya que Josep también era extranjero, español para ser exactos.

        El día había transcurrido rápido y para Tiago había sido agradable conocer a ese sujeto.

-Y dime Tiago, cuántos años tienes.

Tiago tragó el bocado de panecillo que tenía en la boca antes de contestar-diecisiete.

-Ya veo-exclamó pensativo.

-Qué-preguntó extrañado el rubio.

-Y quién es tu tutor legal-preguntó con cierta molestia pensando que seguramente era Gerard ya que vivía con él.

-Pues...nadie...-contestó un poco confundido-yo tenía...quiero decir, mi papá murió hace varias semanas.

 Josep ensanchó los ojos sintiéndose como una cucaracha-lo siento-dijo por lo bajo.

-No importa-contestó el rubio encogiendo en hombros.

-¿Y estudias?

Tiago frunció la boca-No, antes trabajaba pero desde que llegué aquí no hago nada, pero no es que no quiera-se justificó-es que todos los trabajos exigen tener la secundaria y yo no la tengo.

El rostro de Josep se iluminó-entonces yo tengo el trabajo perfecto para tí-exclamó eufórico, esto definitivamente le venía como anillo al dedo, una bendición.

-¿Enserio?-preguntó esperanzado.

-Claro, pequeño.

Tiago frunció el ceño-no me digas así.

-Trabaja para mí-dijo con determinación-como modelo.

 Tiago se atragantó-Qué...

-Como modelo-repitió-hace mucho que andaba desanimado, trabajo con caras lindas pero tan comunes. Faltaba algo y ese algo lo tienes tú.

-No juegues-dijo molesto.

-No es un juego, veo que eres ignorante de tu propia belleza.

 El rubio se ruborizó.

-Tienes un rostro hermoso, son rasgos entre infantiles y adolescentes, es como el rostro de un ángel, de hecho cuando te vi llorando eso fue lo que pensé "un ángel llora". Eres perfecto.

-Yo...no pue…-tartamudeaba apenado-los modelos son...más altos-dijo con dificultad, no le era fácil reconocer que era bajito.

-Generalmente sí, pero una cara como la tuya no se ve todos los días, tú estatura es lo de menos. Eres sumamente dulce, sexy y adorable.

El rubio desvió la vista sonrojado.

-Ganarías mucho dinero y podrías estudiar lo que quieras.

Tiago lo miró de reojo, quería y necesitaba ganar dinero, porque aunque Gerard le dijera que no le importaba no era su estilo ser un mantenido, pero sentía cierto miedo de ese mundillo.

-Vamos, qué me dices.

-Qué tendría que hacer-preguntó interesado.

Josep sonrió, estaba seguro que aceptaría.

         Mientras Gerard ya había llegado al edificio y subía por el ascensor, estaba un poco molesto porque aún no daban con aquel sujeto que había “comprado" a su rubio y también porque había tardado más de lo que había pensado. Miró su reloj 4:30 pm.

         Las puertas del ascensor se abrieron y Gerard salió, caminó despacio hasta su departamento dibujando una sonrisa en su rostro saboreando de antemano los besos que le daría a su niño. Abrió la puerta y se extrañó de que Tiago no lo recibiera.

-Tiago-llamó cerrando tras si-Tiago- Preocupado lo buscó por todos los rincones del departamento-pero qué...dónde estás-iba a llamar a seguridad pero tocaron el timbre-¡Tiago!-exclamó esperanzado pero al abrir se encontró con Costanza.

-Hola Gerard, cómo has estado-saludó ella con una amplia sonrisa.

-Qué quieres-preguntó el irritado.

-¡Cielos, que humor!-dijo ella acomodándose el cabello-¿te pasa algo?

-No,no tengo tiempo de...

-Estás preocupado-interrumpió ella-talvez puedo ayudarte.

Gerard iba a cerrarle la puerta en la cara cuando Josep irrumpió.

-Hola vecino-dijo alegremente-podría hablar con el chico rubio, prometo que sólo será un momento.

-¿chico rubio?-dijo ella fingiendo inocencia.

-¿lo has visto salir?-preguntó Gerard exasperado.

-No-contestó Josep.

-Oh,ese chico-exclamó ella como si recordara algo-Por cierto quería hablarte de él.

-¿Tú lo viste?-preguntó él tomándola por los brazos.

-Sí, salió de tu depa, me tropezó pero el muy grosero no se disculpó.

-Pero cómo, iba solo-dijo Gerard sintiendo como la angustia lo invadía.

-Sí, pero me fijé que llevaba un reloj veneciano de oro, parece que iba muy contento y a la vez nervioso-dijo sintiendo satisfacción-por eso no pude evitar sospechar.

-¿Un reloj?-exclamó Josep intuyendo  lo que trataría de insinuar


Capitulo XV



-Eso no tiene sentido-dijo Gerard soltándola.

-Pues yo no sé, eso fue lo que vi-dijo recogiéndose el cabello en una coleta alta.

-Por qué llevaría un reloj-siguió preguntando Josep riendo internamente pues sabía que cada cosa que dijera la hundiría más.

 Gerard miró la cenefa y notó que el reloj efectivamente no estaba, pero aun no hallaba coherencia a esa versión.

-Pues qué se yo-exclamó algo molesta-¿conocías bien a ese niño?-preguntó con malicia.

Gerard la ignoró, sacó su celular para llamar a seguridad ya que él había dejado órdenes expresas de no dejar salir a su niño del edificio así que estaba seguro que debía andar por algún lugar del mismo. Le preocupaba sobremanera que estuviera por ahí solo.

-Qué quieres decir-preguntó Josep

-No sé, tal vez que se robó el reloj de oro.

-Eso es una estupidez-dijo Josep.

-Piénsalo-insistió ella-para qué se llevaría el reloj, puedes tratar de ignorar la realidad pero eso no la cambiará.

-Y cómo estás tan segura de que se lo robo, que tal si era de él

-Estoy segura porque soy mujer y las mujeres somos muy intuitivas-dijo mirando a Josep con enojo-o acaso me equivoco Gerard ¿era de él?

         A Gerad ya se le había colmado la paciencia y se giró para correrlos cuando vio en el umbral de la puerta a su amado portugués cruzado de brazos y mirando con enojo a Costanza.

-¡Tiago!-exclamó sintiendo como le quitaba un peso de encima y la alegría volvía a él, llegó pronto a su lado y lo abrazó con fuerza.

-Ay,Gerard-se quejó el rubio sonriendo, en verdad lo estaba abrazando muy fuerte.

-...pero..-Costanza estaba perpleja, no lograba coordinar las ideas y pensaba "cómo es que el mocoso está aquí, acaso no se había ido indignado....ahora qué voy a hacer” -había hablado de más, estaba acorralada.

 Josep sonreía divertido.

-Dónde estabas, qué te pasó-preguntó Gerard separándose un poco y notando que Tiago iba aun en pijama y descalzo.

-Ella me corrió-soltó señalándola acusadoramente sin darle tiempo de reaccionar.

-¡Qué!-Gerard miró furibundo a la mujer.

-yo...yo no..-ella retrocedió un poco.

Tiago avanzó hasta situarse frente a la mujer-ella entró aquí con su propia llave y me dijo que era tu novia...si no fuera por Josep que me ayudó yo...

Costanza sintió sus ojos arder, estaba siendo humillada por un mocoso justo frente al hombre que amaba.

 Gerard se acercó y se detuvo tras el rubio encarando a la mujer-Cómo entraste a mí casa.

-Gerard yo no...¡él miente!-exclamó desesperada.

-La mentirosa eres tú-se defendió el rubio.

-Acepta tu error de una vez-dijo Josep.

-¡Cállate!-gritó entre lágrimas.

-No, cállate tú ladrona-le dijo Tiago.

 Ella levantó su mano para estamparle una cachetada pero Gerard la sujetó apretando fuerte su agarre y torciéndole un poco  el brazo.

-...Gerard...me lástimas-rogó angustiada.-no te atrevas jamás a ponerle una mano encima a Tiago-dijo siguiendo la presión y apartando suavemente al rubio para acercarse más a Costanza-porque voy a olvidar que eres mujer y te golpearé hasta la muerte.

 Aunque sentía dolor ella se aferró a Gerard -yo....lo hice por ti...yo..te amo-masculló sintiéndose a morir al ver sus esperanzas de conquistarlo desaparecer.

Gerard la empujó y ella cayó sentada.

-Siempre sentí pena por ti, dejaba pasar tu estupideces, tú interrupciones fastidiosas y tu afán de entrometerte en mí vida por lástima, pero lo que hiciste esta vez, atreverte a meterte con Tiago, eso no se lo perdono a nadie. Hoy mismo te largas de este edificio-le dijo mirándola fríamente.

-Gerard yo...-Costanza lloraba a mares y vio al rubio sonreírle triunfante.

-...no es justo!-gritó histérica-yo debería ganar-exclamó furiosa y se abalanzó sobre el rubio. Gerard se interpuso y le dio una bofetada-¡basta! Tiago es el dueño de todo esto y es a él quien amo, ya deja de arrastrarte como un gusano.

       El rubio veía la escena con los ojos ensanchados, jamás pensó que Costanza insistiera así, él creyó que ella trataría de huir lo más pronto posible, ya hasta estaba sintiendo lástima.

       Gerard la tomó del brazo y la arrastró hasta la salida y aunque ella se resistía el logró echarla y cerrar la puerta. Tiago y Josep se miraron incrédulos. Utilizando su influencia con tan solo una llamada Gerard  hizo que la corrieran del edificio y también al jefe de seguridad pues estaba seguro de que era su cómplice.

-¿Estás bien?-le preguntó acariciándole la mejilla.

        El rubio asintió sonrojado y lo miró-te tengo una noticia-dijo sonriente cambiando de tema-tengo trabajo.

       Gerard frunció el ceño y miró con desconfianza a Josep quien estaba con una sonrisa de oreja a oreja. Desde que su salida con Tiago a la feria tecnológica había salido reportada en las revistas sociales Josep no había dejado de llamarlo para contratar a su rubio y a pesar que sabía que sabía que estaba en contra de esa idea no había dejado de insistir.

-De qué hablas-le preguntó sin quitar la vista de su vecino.

-Trabajaré con Josep-dijo sonriente-como modelo.

-¿Qué?-exclamó con ojos desorbitados, ¡su niño de modelo! Eso jamás lo permitiría, su belleza era sólo suya-No

-No qué-preguntó el rubio confundido.

-Tú no vas a trabajar-dijo cruzándose de brazos.

-Este…yo…me voy-dijo Josep apenado despidiéndose con la mano-hasta luego.

Josep salió dejando a la pareja sola.

-Claro que voy a trabajar, el sueldo es muy bueno.

-No necesitas el dinero-replicó Gerard yendo al pequeño bar y sirviéndose un whisky.

-Sí lo necesito, no puedo vivir siempre de tu caridad-exclamó disgustado siguiéndolo.

Gerard se giró molesto y le sujetó los hombros-deja de decir tonterías, eres mi pareja, lo mío es tuyo. Novas a trabajar.

-Sí lo voy a hacer-dijo liberándose de su agarre.

-He dicho que no y punto-Gerard se estaba molestando con tanta terquedad.

-No puedes prohibírmelo, no eres mi papá.

-Sí puedo, soy tu tutor legal-le dijo continuando con su labor.

-Qué…-el rubio estaba confundido, desde cuándo era su tutor legal-…y eso qué significa.

-Que no puedes hacer nada sin mi permiso-comentó como si nada tomando de un sorbo el whisky y enseguida sirviéndose otro.

El rubio apretó los puños con impotencia-te odio.

El pelinegro se encogió en hombros restándole importancia.

        El rubio se fue hasta su habitación cerrando tras sí con seguro dejando escapar unas cuantas lágrimas, se sentía furioso, de una manera u otra siempre terminaba bajo los rigores de otro y aunque amaba a Gerard  quería su libertad, poder decidir sobre su vida, además no estaba  pidiendo nada malo, se acostó boca abajo tratando de suprimir sus ganas de llorar.



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