Capítulo IX
La llamada
La situación cambiaba
radicalmente, si Luigi estaba vivo ciertamente aún conservaba algo de
influencia, el escenario era totalmente diferente, pero ahora le preocupaba que
este quisiera contactarse con él, porque por lo poco que había podido ver la
mayor parte de la penitenciaría estaba conformada por hombres de Kozlov, si a
Luigi se le ocurría tratar de pasar algún mensaje sin duda sería filtrado por
los rusos y no solo eso, les indicaría su paradero. Definitivamente tenía que
evitarlo, tenía que ser él quien se contactara con su subordinado, necesitaba
llamarlo al “bunker”, el escondite que tenían como último recurso en las
afueras de Magadán y tenía que ser rápido.
Pero el problema era cómo hacerlo si Kozlov no le dejaba salir, pensó con
detenimiento, tendría que actuar como un verdadero puto para conseguir su
permiso.
Ansioso pasaron dos
horas que se le hicieron eternas, miraba el reloj de pared a cada
rato, con esa llamada se jugaba la
última oportunidad que tenía para recuperar su estatus, por eso no lograba si
quiera sentarse, caminaba de un lado para el otro pensando que estaba dispuesto
a hacer lo que fuese con tal de poder salir. Su corazón dio un vuelco cuando
escuchó pasos y vio aparecer a Kozlov, pero este no venía solo, lo acompañaba
Boris quien no escondió su felicidad al encontrarse con el dulce italiano.
—Estás poniendo cara de
imbécil—le dijo Kozlov a este sin mirarlo acercándose a Fabrizio—toma, son de
tu talla—le dijo dándole unas bolsas e inclinándose le dio un piquito.
No dijo nada, se mostró
dudoso porque su cabeza estaba puesta en
esa llamada.
—Qué pasa—preguntó el
mayor extrañado con esa actitud rara que tenía desde la noche anterior.
Fabrizio negó con la
cabeza—Nada, gracias.
—Ponte uno—le dijo
acariciándole la cabeza.
Y sin pensar en lo que hacía
comenzó a desvestirse ahí mismo para deleite de Boris y asombro del otro, a
Kozlov le encantaba presumir de sus amantes pero el tipo de mirada que le
echaba Boris lo estaba mosqueando, era más que lujuriosa, parecía un depredador
mirando su presa.
—Fabrizio, cámbiate en
el baño.
—¿Ah?...ah sí—contestó
sin atisbo de vergüenza y obedeció.
Los ojos de Kozlov se
quedaron fijos por un momento en la puerta del baño, algo no andaba bien con su
italiano. La voz de su acompañante lo sacó de sus cavilaciones.
—Es muy lindo,
hermoso—comentó embelesado, aunque se
guardó su comentario de frustración por no haber permitido que se
cambiara ahí.
—Vamos a lo nuestro—contestó cambiando radicalmente
la conversación sentándose en uno de los sillones—cuántos tenemos en Burkina.
—¿Um?—estaba distraído
todavía con la imagen del italiano en su cabeza—Ah sí, cerca de cuarenta
toneladas—comentó sentándose en el sillón frente a él.
—No es
suficiente—exclamó encendiendo un cigarrillo—consigue el doble.
Iba a responder pero lo
distrajo el italiano quien salía del baño y se aproximó a ellos.
—Te ves hermoso—le dijo
Kozlov cuando llegó a su lado.
La ropa era
sencillamente un conjunto de mono y suéter color celeste y blanco, en primer
lugar había pensado en comprarle algo más sexy, corto y ajustado pero Rusia era
implacable con su gélido clima y no quería matarlo de frío, así que cambió de
parecer y escogió una prenda que combinara con él, algo tierno.
—Gracias—contestó de nuevo distraído.
Kozlov lo miró a los
ojos y notó su vacilación—Algo te pasa, dímelo de una vez—dijo dejando el
cigarrillo en el cenicero.
—Yo…—hizo una pausa
larga, de nuevo dudaba ¿debería pedírselo así sin más?
El ruso, preocupado lo
haló hacia sí y lo sentó en sus piernas—Habla de una vez, no me gustan los
rodeos.
Fabrizio suspiró, no
necesitaba dudar ahora, necesitaba actuar—Yo quiero salir un rato—dijo con
aplomo.
Kozlov se sorprendió,
así que era eso, en un momento había pensado que sería algo grave, aun así dijo
un tajante: —No.
—Solo un rato, por
favor—pidió con ojos de súplica.
—Para qué quieres
salir, aquí tienes de todo—reprendió fastidiado con el tema, sabía que nadie lo
tocaría porque era suyo pero le molestaba la idea de que estuviera solo con
otros hombres.
—Pero aquí me aburro, solo
un rato, por favor—rogó sumiso aunque por dentro estaba que le hervía la
sangre.
—Ya te dije que no,
deja el tema.
Fabrizio lo abrazó
fuerte y le habló cerca del cuello—pero por qué no, solo un rato—porfió.
Kozlov correspondió al
abrazo y si hubieran estado solos lo habría tomado ahí mismo, pero de nuevo
Boris y su mirada lo cabrearon, así que con brusquedad lo apartó poniéndolo de
pie—Ya te dije que no y se acabó, deja de joder y anda a ver televisión o lo
que sea que estamos ocupados.
—Pero…
La mirada enojada de
Kozlov fue contundente. La respiración del rubio era agitada ¡qué podía hacer
para convencerlo! Con desgano caminó al
otro extremo de la celda y se dejó caer
en el sofá, tomó el control y encendió
la televisión sin prestar atención a la película que trasmitían.
Por otra parte Kozlov
tomó el cigarrillo e intentó retomar la conversación—dobla la cantidad pero no
la saques por el mismo puerto…—iba a continuar pero vio la sonrisa algo burlona
de Boris—qué mierda te pasa—preguntó molesto.
—Nunca le restringiste
la salida a tus putos—comentó divertido, pues notaba que se había encariñado
con el italiano.
—Él es especial—dijo
sin tapujos y añadió malicioso—tú también te diste cuenta.
Boris desvió la vista
apenado—Tienes razón, lo siento.
Lo ignoró volviendo al
tema inicial—Alexander ha tenido problemas por eso, así que esta vez vamos a
ser más precavidos—
Mientras, el rubio
que furioso mascullaba improperios
recordó algo importante: el ruso era débil ante sus lágrimas. Entusiasmado con
ese último recurso hizo gala de su
hipocresía y comenzó a llorar, pensaba en lograr una cara roja y mocosa y
fingir que iba al baño para pasar al lado del ruso y que este le viera, pero
esta última parte no hizo falta.
Kozlov hablaba sobre
sus negocios cuando Boris, que miraba de soslayo al rubio lo interrumpió—está
llorando.
—Qué—dijo
extrañado y ante el gesto de Boris miró
al rubio quien gimoteaba y se limpiaba la cara con el antebrazo. Y tal como lo
dedujera el italiano no soportó verlo llorar— ¡Fabrizio, ven acá!
Este dio un respingo
pues concentrado en su plan el grito lo tomó desprevenido y tardó en
reaccionar.
— ¡Ven acá!—apremió.
Desconcertado se acercó
al mayor que repitió la acción de sentarlo sobre su regazo—por qué estás
llorando—le preguntó limpiándole la cara.
Fabrizio se sorprendió
de lo bien que le estaba saliendo el plan, así que recuperando la compostura
puso cara de mártir recostándose en el pecho del mayor—porque quiero
salir—murmuró como niño desvalido.
—Mierda que eres necio—reprendió
fastidiado, no le gustaba la idea de dejarlo salir pero tampoco que se pusiera
así.
Fabrizio esperaba
expectante, sabía que el ruso se estaba doblegando.
—Escucha—le dijo este
tomándole el mentón para hacer que lo mirara—te voy a dar media hora, no más
que eso.
Los ojos del rubio se
iluminaron de felicidad.
Kozlov miró el reloj de
pared—son las 3:15 a las 3:45 te quiero aquí. ¿entendiste?
— ¡Sí!—exclamó el
italiano abrazándolo eufórico.
—Y no te quedes solo
con nadie—advirtió.
Fabrizio rompió el
abrazo y poniéndose de pie tomó el rostro del mayor con ambas manos y lo besó—
¡gracias!—exclamó como despedida para salir a la carrera de allí.
Sorprendido Kozlov
estaba sonriendo embelesado sin darse cuenta, hasta que escuchó la carcajada estridente
de Boris, entonces lo miró molesto.
—Primera vez que te veo
poner cara de idiota—dijo riendo.
—Vete a la mierda,
Boris—replicó enojado, aunque en el
fondo guardaba la emoción del beso de su italiano, era el primero que él le
daba por iniciativa propia.
Afuera, Fabrizio no
perdió tiempo ni se preocupó por las miradas indiscretas que le daban los otros
presos, bajó corriendo a toda velocidad, tenía que ir al patio donde estaba el
teléfono público como en toda penitenciaría,
llegó jadeando por la carrera y miró en derredor dando pronto con su
objetivo; caminó entonces con detenimiento, había tres reos al lado del
teléfono, Fabrizio se dirigió a ellos.
—¿Cuánto?—les preguntó
por la tarifa.
La verdad trataba de
parecer seguro, pero sus fachas y la cara enrojecida aún no lo dejaban muy bien
parado, aun así no le llevarían la contraria, todos sabían de quién era.
—Úsalo como quieras—le
dijo el que estaba en el medio.
Fabrizio se extrañó
pero enseguida comprendió “bien, a disfrutar de
la influencia” pensó con ironía mientras tomaba el auricular, los otros
tres se alejaron un poco más que para darle privacidad para intercambiar suposiciones
sobre lo que su jefe le había hecho para dejarlo así , alimentando su morbo.
Fabrizio ajeno a
ello, después de marcar el número
esperaba nervioso y cuando escuchó el
“¿jefe?” de Luigi el alma le volvió al cuerpo. Intercambiaron información,
desgraciadamente Luigi estaba malherido pero a pesar de ello todavía tenían
esperanzas, Fabrizio le dio indicaciones, debía mantenerse oculto y contactar
con Thiago Mota, un portugués sin escrúpulos que podía sacarlo de la cárcel ya
que ya le había ayudado a escapar una vez. Dinero de sobra había en el “bunker”
para pagarle, después de salir de allí irían a Filipinas para esconderse por un
tiempo mientras recuperaba su estatus y
se encargaba de quienes lo habían jodido. Lo último de la conversación fue precisamente
eso:
—Sabes quién fue.
Luigi respondió—Su
primo.
No hubo sorpresa,
estaba en la lista de sus enemigos. Fabrizio colgó después de decirle:—te contactaré mañana, ocúltate bien
y has lo que te pedí— suspiró aliviado, había conseguido dar el primer paso y
sonrió satisfecho—“Prepárate Kozlov, me la vas a pagar”
OMG!!! que pasho???No me digas que lo lograra *comiendose las uñas de angustia* no quiero!!!! quiero que se quede con Kozlo , el necesita su ukesito a su lado TT__________TT
ResponderEliminarNo quiero pecar de ansiosa pero...que pashó =( quiero leer la conti pls
ResponderEliminarContinualo por favor!!!!! TTvTT
ResponderEliminarLo he vuelto a leer a ver si así se me quitan las ansias, pero no fnciona TnT, por fis, necesito la actualización.
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